Cascada El Aguacate, abrevadero de un abismo en San Luis Potosí

Es la segunda más grande caída de agua del estado, sólo detrás de Tamul

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Cascada el Aguacate, un paisaje con mucho sabor que baña el abismo
Foto: Cascada El Aguacate/Facebook

Uno de los tesoros naturales que resguarda el estado de San Luis Potosí es la cascada El Aguacate, ubicada en el municipio de Tamasopo; esta impresionante caída de agua, de más de 70 metros de altura, baña de forma majestuosa el abismo potosino.

El territorio de la cascada El Aguacate es prácticamente virgen, rodeado por frondosos árboles, exuberante vegetación y fauna característica de la serranía de la Huasteca Potosina.

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El Aguacate, la segunda cascada más alta de la Huasteca

Esta caída de agua es la segunda más alta de San Luis Potosí, sólo por por detrás de la cascada de Tamul, por eso es un atractivo incomparable que regala impresionantes paisajes, dignos de fotografiarse.

Llegar hasta allí representa un deleite para los sentidos, pues puedes disfrutar el canto de las aves, así como el susurro del viento y, a lo lejos, el caer del agua, con una impresionante gama de tonos verdes del bosque y pequeños destellos de colores como fondo.

Para visitar la cascada El Aguacate primero debes dejar atrás el municipio del mismo nombre, para andar un estrecho camino de terracería donde el espíritu aventurero y la condición física se ponen a prueba. Posteriormente, debes descender unas escaleras y un camino escarpado por aproximadamente 65 metros.

Una vez abajo, el esfuerzo habrá valido la pena, porque la cascada El Aguacate te recibe con afecto mediante la ensordecedora caída del agua y con una brisa fresca que acaricia el cuerpo y captura los sentidos.

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Pero si deseas apreciar en primer plano la belleza de la cascada el Aguacate, deberás cruzar unos puentes para posarte frente al salto de agua y admirarlo en todo su esplendor, desde su parte más alta, hasta el arroyuelo que corre enfrente.

Según la temporada del año y las condiciones del caudal, en ocasiones puedes desafiar la corriente y cruzar del otro lado, para admirarla desde todas sus aristas y refrescarte con la fría y cristalina agua que rocía tu cuerpo.

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