Misterio que enamora: destinos mexicanos que se cubren de neblina

La neblina le da un toque especial a estos Pueblos Mágicos

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Misterio que enamora: destinos mexicanos que se cubren de neblina
Foto: danni_flowers/Instagram

En México hay lugares encantadores que guardan un encanto especial cuando se cubren de niebla o neblina. A continuación te presentamos algunos de los destinos mexicanos más bellos —por lo general rodeados de bosque y donde predomina un clima frío—, que cobran cierto misticismo cuando un halo brumoso cubre sus rincones.

Pinal de Amoles

En Querétaro hay un pequeño y pintoresco pueblo rodeado por imponente cerros boscosos; allí el clima frío predomina la mayor parte del año, razón por la que la neblina baja y lo recubre. Este espectáculo es más frecuente durante invierno y se conoce como mar de niebla.

Pinal de Amoles cuenta con bellos balcones, angostas calles y una plazuela donde resalta un monumento que honra la vocación minera de este hermoso pueblo que data de 1606. En su punto más alto se encuentra La Puerta al Cielo, un hermoso paisaje que destaca por el contraste de sus montañas con el manto blanco de su niebla.

Es el lugar perfecto para disfrutar en familia o en pareja, cuando las condiciones sanitarias lo permitan, gracias a las múltiples opciones que brinda a sus visitantes.

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Real de Monte

Real del Monte se encuentra en la parte más alta del estado de Hidalgo. Es un pueblo minero que fue testigo de dos hechos relevantes: la primera huelga de América y el nacimiento de la pasión por el futbol en México, cuando los mineros ingleses trajeron este deporte al país.

Su clima y vegetación originan uno de los espectáculos naturales más bellos y místicos del mundo: la neblina que baja y recubre por completo este Pueblo Mágico, desde sus edificios antiguos hasta sus pintorescas casas.

Sus callejones empedrados y sus casas de teja roja dan un toque especial y colorido a tan brumoso paisaje colonial, perfecto para un recorrido a pie o en bicicleta.

Real de Monte es uno de los emblemas turísticos del estado y forma parte de la ruta Corredor de la Montaña, que agrupa poblados como Huasca de Ocampo, Mineral del Chico, Omitlán o Atotonilco.

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Cuetzalan

El nombre de este Pueblo Mágico está compuesto por las raíces náhuatl quetzalli (“cosa brillante”, “hermosa”) y lan (“junto” o “cerca”), que en suma significan “junto a las aves preciosas llamadas quetzal”. Su atmósfera parece de cuento, rodeado por imponente montañas, cascadas, grutas, cuevas y bosques desde donde la niebla baja y envuelve a sus habitantes.

Cuetzalan se halla en el estado de Puebla, en la estribación de la Sierra Madre Oriental, a poco más de mil metros de altitud, por lo que goza de un clima húmedo. Sus calles de piedra y casas con fachadas adosadas muestra el pasado ancestral del lugar.

Uno de sus principales atractivos es su ubicación geográfica entre grandes y profundas barrancas verdes, por las que corren ríos como Apulco, Cuichati y Zoquiate, afluentes del río veracruzano Tecolutla.

Zacatlán de las Manzanas

Zacatlán se extiende al pie de la colina llamada anteriormente de San Sebastián, ubicada al poniente de la ciudad. Su nombre proviene del náhuatl zacatl (“paja” o “zacate”) y tlan (“lugar”), que se traduce como “lugar donde abunda el zacate”.

Su emblemático Reloj y su Plaza son el sitio perfecto para tomarse una fotografía o degustar uno que otro antojito o platillo típico de la región, como las manzanas, fruta que abunda en esta zona.

La neblina es característica de este pueblo, de ahí la frase coloquial: “si has venido y no te encuentras con la neblina, es que todavía no has llegado a Zacatlán”.

De hecho, hay una leyenda en torno a su neblina: en Zacatlán vivía una hermosa mujer de grandes ojos soñadores, con mirada tan profunda que se podía ver en éstos la inmensidad del mar; con un cabello tan negro como la noche, que mientras miraba el horizonte se ponía triste recordando el sabor de unos labios que en el pasado partieron.

Esos labios pertenecían a un hombre que partió a la guerra con las tropas zacatecas para ayudar a Nezahualcóyotl a recuperar su trono, y desde entonces desconocía su paradero. Todos los días recordaba su despedida tras aquellas colinas. Hasta que un día se enteró que aquellos guerreros habían vuelto, motivo por el cual corrió en busca de su amado; sin embargo, no tuvo éxito alguno.

Tras enterarse de la muerte de su amado, corrió desconsolada al balcón, se arrodilló vestida de blanco y ofreció su alma a los dioses para luego arrojarse a la barranca sin pensarlo. A la mañana siguiente, la neblina inundó el pueblo con el mismo color blanco del vestido que portaba la mujer.

Los pobladores aseguran que cuando la neblina baja, esta mujer se hace presente para recordar aquel inmenso amor que terminó en desgracia.

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