5 datos del mambo para que bailes con cadencia

¡Maaambo, dilo! Conoce un poco más de este ritmo afrocaribeño que conquistó a Latinoamérica y Estados Unidos

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5 datos del mambo para que bailes con cadencia
Foto: @YoSoyLaTellez/Twitter

El mambo es uno de los géneros musicales más emblemáticos en México y Latinoamérica. Su cadencioso ritmo es capaz de amenizar cualquier fiesta o celebración, por eso te presentamos 5 datos que quizá no conocías.

1. Surgimiento

El mambo nació en Cuba en la década de 1930 gracias a la fusión de ritmos como rumba cubana y son; después se agregaron otros ritmos cubanos y afrocaribeños.

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2. Significado del mambo

La palabra “mambo proviene del idioma kilomgo y podría traducirse como “conversación o plática con los dioses”. El origen de esta lengua es África y llegó a Cuba por los esclavos llegados de esas tierras. Se decía que mediante el baile entraban en una especie de trance y se contactaba con las deidades.

3. Dámaso Pérez Prado, El Rey del Mambo

Dámaso Pérez Prado fue un virtuoso músico y compositor originario de Matanzas, en Cuba. A finales de la década de 1940 llegó a la Ciudad de México, donde compondría varias de las canciones más icónicas del género, creando un gran intercambio cultural entre México y Cuba.

4. El favorito de las celebridades

En los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, el mambo causó un verdadero furor en México. Fue tan popular el cine lo incluyó en sus historias; celebridades de la llamada Época de Oro, como Adalberto Martínez Resortes y Tin Tan lo bailaban con gran destreza y soltura.

Por supuesto, no podían faltar las sensuales rumberas, como Tongolele o Ninón Sevilla, quienes movían las caderas al ritmo de este género.

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5. Música “indecente”

Por increíble que parezca, el mambo fue considerado un baile y género “indecente”, “sugerente” y hasta “satánico”, debido a los sensuales movimientos con los que se bailaba, mismos que escandalizaron a los sectores más conservadores de la sociedad mexicana de la época. Por eso se aconsejaba a los jóvenes no escuchar ni bailar esa “música pecaminosa”.

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