Maggu Jasso / m.jasso@mexicotravelchannel.com.mx
El bar “El Alebrije” fue uno de los íconos de la vida nocturna en la Ciudad de México. Queremos contarte su historia, origen, auge y cierre, y por qué marcó a toda una generación que encontró ahí música, fiesta y libertad.
¡Tal vez seas muy joven para leer esta nota! O tal vez al evocar las siguiente líneas recordarás parte de lo que fue la vida nocturna de la Ciudad de México en la década de los 90’s.
Recordemos juntos la historia de uno de los lugares que sin duda marcó a una época y a una generación: La historia del bar El Alebrije.
Entre los 80’s y 90’s, salir de noche en la capital del país significaba listas VIP, exclusividad, y también representaba la oportunidad para bailar, descubrir música y sentirse libre.
En ese contexto nació El Alebrije, un bar que se convirtió en leyenda y que hoy vive en la memoria colectiva como uno de los grandes íconos de la vida nocturna mexicana.
Su origen: La transformación cultural
El Alebrije abrió sus puertas a finales de los años noventa, en un momento en el que la ciudad comenzaba a experimentar una transformación cultural. La vida nocturna se expandía, pero aún hacía falta un espacio que rompiera con lo tradicional y apostara por la mezcla de música, personas y expresiones.
El nombre no fue casual. El alebrije, figura del arte popular mexicano, representa la imaginación sin límites, la fusión de mundos y colores imposibles.
Esa idea se trasladó al bar: un lugar donde todo era bienvenido y donde la diversidad no solo se toleraba, sino que se celebraba. Aquí, la exclusividad se desvanecería, pues todos eran bienvenidos.

Plaza Loreto y la noche alternativa
La sede más emblemática de El Alebrije se ubicó en Plaza Loreto, en la zona de San Ángel, al sur de la Ciudad de México. Este espacio, antiguo complejo industrial reconvertido en centro cultural y comercial, fue el escenario perfecto para un bar con vocación alternativa.
A diferencia de los antros concentrados en corredores nocturnos tradicionales, El Alebrije era un bar de destino. Se iba expresamente hasta Plaza Loreto para vivir la experiencia: música, fiesta y un ambiente que mezclaba estudiantes, artistas, viajeros y noctámbulos de todas las edades.
Plaza Loreto fue un punto estratégico para El Alebrije, ya que en los años 90 y principios de los 2000 concentraba una oferta alternativa que mezclaba arte, cine, restaurantes y vida nocturna.
Gracias a esto, es que este Bar tenía un perfil más cultural y alternativo, además de que atraía a un público universitario y creativo.
Algo que lo hacía único es que no competía directamente con antros “de moda”, sino que creó su propia escena. Lo que reforzó su valor como ícono generacional, no solo como bar. Era la época de tratar de ser diferente e inclusivo. A diferencia de otras décadas, el arte, cultura y apertura social era algo con lo que buscabas conectar.
La expansión: De la CDMX a Cuernavaca
El éxito del concepto llevó a que El Alebrije se replicara fuera de la capital, siendo Cuernavaca, Morelos, una de sus sedes más recordadas. Ahí se convirtió en punto de encuentro para universitarios y turistas de fin de semana, manteniendo el mismo espíritu relajado, festivo e incluyente que lo había hecho famoso en la CDMX.
En ambas ciudades, el bar compartía una misma esencia: cero poses, mucha música y noches largas.
Noches interminables y anécdotas legendarias
Durante su mejor etapa, El Alebrije vivió noches que hoy parecen imposibles de repetir. Las historias se repiten entre quienes lo conocieron: filas largas para entrar, pistas llenas desde temprano y cierres que se extendían hasta el amanecer.
Una de las anécdotas más famosas es que muchas noches terminaban en desayunos colectivos, con grupos improvisados saliendo directamente del bar rumbo a cafeterías cercanas. Otras hablan de cumpleaños celebrados sin planearse, donde todo el bar terminaba cantando.
El Alebrije también fue famoso por algo simple pero poderoso: nadie preguntaba quién eras, solo si estabas listo para bailar.
La música, el corazón del Alebrije
Aunque no era una sala de conciertos formal, El Alebrije fue un punto clave para la escena musical alternativa. En sus bocinas sonaban géneros que marcaron a toda una generación:
- Rock y ska.
- Clásicos de bandas como Caifanes, Café Tacuba, Maldita Vecindad y El Tri.
- Pop, electrónica y ritmos latinos mezclados por DJs que entendían la pista.
Además, no era raro ver a músicos, artistas y personajes de la escena cultural conviviendo entre el público, sin zonas exclusivas ni jerarquías.
Un espacio que normalizó la diversidad
Antes de que la inclusión fuera un discurso común, El Alebrije ya la practicaba. Fue un espacio donde la diversidad sexual, cultural y estética convivía con naturalidad, especialmente relevante en una ciudad que aún estaba aprendiendo a abrirse.
Para muchas personas, fue el primer lugar donde se sintieron libres de expresarse, de bailar sin miedo y de ser quienes eran.

¿Por qué cerró El Alebrije?
Como muchos espacios icónicos, El Alebrije no sobrevivió al paso del tiempo. Cambios en la ciudad, nuevas regulaciones, transformaciones en Plaza Loreto y la evolución de la vida nocturna marcaron el final de una era.
No cerró por falta de público, sino porque las ciudades también cambian y con ellas sus espacios.
Hoy, El Alebrije ya no existe físicamente, pero sigue vivo en la memoria de quienes lo vivieron. Se recuerda como un símbolo de una época, cuando la noche era un espacio de comunidad, música y libertad.
Más que un bar, fue una experiencia que ayudó a definir la identidad nocturna de la CDMX.
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