Por: Gustavo Silva González ( g.silva@mexicotravelchannel.com.mx )
¿Qué hizo Mario Moreno con sus millones de Hollywood? Explora el “Hacienda Style”, sus mansiones y los secretos del actor que fue el mejor pagado del mundo.
Imagina por un momento al “peladito” más famoso del mundo, ese de los pantalones a punto de caerse y el lenguaje que no llega a ningún lado, con su peculiar bigotito, firmando un cheque por cinco millones de dólares.
Pero no lo hace para comprar un yate en Saint-Tropez ni una joya extravagante en París. Su objetivo es levantar una hacienda monumental en el corazón de la Huasteca potosina.
Pero, ¿para qué?…
Conoce todo esto que estamos seguros que no sabías… donde el lujo de la Época de Oro del Cine Mexicano (1936-1956) se mezcló con un compromiso social casi desconocido, dando vida a lo que hoy llamamos el “Hacienda Style”, un refugio de piedra y gloria que salvó, al menos por un tiempo, la dignidad del campo mexicano.
Y es que detrás del personaje de Cantinflas se escondía Mario Moreno, un hombre que, tras hacerse rico burlándose de las injusticias, decidió usar su dinero para intentar arreglar ciertas injusticias desde la raíz: la tierra.

El mapa del tesoro: Las 3 haciendas legendarias donde Cantinflas construyó su imperio
Como decíamos anteriormente, Mario Moreno no coleccionaba autos de lujo ni joyas extravagantes; él coleccionaba pedazos de nuestro México.
Cada una de sus propiedades fue elegida con un propósito: Desde la cría de toros bravos hasta la experimentación agrícola.
Descubre cinco haciendas y ranchos que no solo fueron su refugio, sino el escenario real donde el actor mejor pagado del mundo se quitaba el maquillaje para ensuciarse las manos con la tierra que tanto amaba.

1. “El Detalle”… ¡El palacio de 12 recámaras que desafió a los caciques!
En 1943, mientras el mundo estaba en guerra, Mario Moreno “Cantinflas” estaba en su propia batalla personal: Construir la hacienda más moderna de América Latina en Ciudad Valles, San Luis Potosí.
Su casa, de nombre “El Detalle” -en honor a la película que lo catapultó a la fama mundial en 1940: Ahí está el detalle- no fue solo de descanso; fue una inversión de 5 millones de dólares (una cifra astronómica para la época) que transformó 100 hectáreas de selva en un centro productivo.
Según crónicas de la región recopiladas por historiadores potosinos, la hacienda contaba con su propia planta de luz y agua, algo que ni siquiera el pueblo más cercano tenía.
Pero lo que realmente hacía latir este lugar era su propósito social. Mario Moreno daba empleo a cientos de trabajadores, ofreciéndoles salarios y condiciones que los caciques locales veían como una amenaza a su control.
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La arquitectura de “El Detalle” era una oda al mestizaje. Combinaba la piedra rústica de la Huasteca con lujos que parecían sacados de una película. En el lugar podías encontrar una plaza de toros personal y una piscina con mosaicos finos.
No obstante, la historia de esta propiedad es también una de resistencia.
Como documenta el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), la presión política del cacique Gonzalo N. Santos obligó a Cantinflas a abandonar su paraíso.
El mimo, que podía hablarle de tú a Presidentes, no pudo contra el poder local que no perdonaba que un “cómico” le diera un trato humano a los peones.
Actualmente, esas ruinas son un destino de culto para quienes buscan entender el México que pudo ser.

2. La Purísima: Donde el “Hacienda Style” se volvió una ciencia
Lejos de rendirse tras el golpe en San Luis Potosí, Mario Moreno trasladó su visión al Estado de México, específicamente a Ixtlahuaca, donde fundó La Purísima.
Aquí, el concepto de “Hacienda Style” evolucionó de un refugio personal a una potencia ganadera de clase mundial.
Mario Moreno (12 de agosto de 1911-20 de abril de 1993) no era un dueño ausente.
Archivos de entrevistas de 1977 muestran a un Mario Moreno profundamente involucrado en la genética de sus toros de lidia, importando sementales españoles para mejorar la casta mexicana.
Para él, el campo no era un escenario, sino una responsabilidad. Construyó viviendas dignas y una escuela para los hijos de sus empleados, demostrando que la estética de la hacienda (techos de teja, grandes vigas de madera y patios centrales) podía convivir con la justicia social.
La Purísima se convirtió en el epicentro de la alta sociedad.
Por sus pasillos de arquitectura colonial-moderna caminaron desde Presidentes (Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Lyndon B. Johnson -de EU-) hasta estrellas de Hollywood (Marlon Brando, Elizabeth Taylor y Debbie Reynolds), pero la verdadera magia estaba en los potreros.
Investigaciones sobre la ganadería en México señalan que la labor del también actor de cintas como “El Patrullero 777” (1978) en dicha hacienda fue fundamental para preservar ciertas líneas de sangre del toro bravo que de otro modo se habrían perdido.
El estilo arquitectónico que él impulsó -ese rústico elegante que hoy vemos en los mejores hoteles boutique- nació aquí, de la necesidad de crear espacios que fueran tan imponentes como funcionales para la vida rural.

3. Finca “Cantinflas”: El refugio colonial que transformó San Miguel de Allende
Si existe un lugar donde el “Hacienda Style” se fusionó con la sofisticación urbana, es la mítica finca que Mario Moreno construyó en el corazón de San Miguel de Allende, Guanajuato.
En la década de los 60, mucho antes de que esta ciudad fuera nombrada la “mejor del mundo” por revistas internacionales, “Cantinflas” ya había descubierto su magia.
No se conformó con comprar una propiedad; junto a su amigo Pepe de la Aldea, diseñó un espacio que respetara la estética virreinal del Bajío: muros de cal y canto, arquerías de cantera rosa y jardines verticales que hoy son el estándar de lujo en la región.
Esta finca no era meramente una casa de descanso, sino la declaración de Mario Moreno de que el futuro de México estaba en su capacidad de atraer al mundo a través de su belleza arquitectónica.
El gran sello distintivo de esta propiedad era su icónica piscina, en cuyo fondo mandó colocar un mosaico detallado con la silueta de su personaje, recordándoles a sus invitados -entre quienes se contaban diplomáticos y artistas de la talla de Dolores del Río, Agustín Lara, entre otros– que la alegría era el ingrediente principal de su hospitalidad.
Tras la muerte del actor en 1993, la propiedad evolucionó para convertirse en el Hotel Posada de la Aldea, un sitio que hasta el día de hoy conserva la estructura original y la energía de aquellas tertulias donde se discutía el destino del cine nacional.
Para construir sus castillos de piedra, se dice que Cantinflas amasó una fortuna sin precedentes. Por su participación en La Vuelta al Mundo en 80 Días, el mimo recibió una suma que hoy equivaldría a más de 25 millones de dólares, convirtiéndose en el actor mejor pagado del planeta en 1956, superando incluso a muchas estrellas de Hollywood.

Un legado de piedra y conciencia: ¿Por qué rescató el campo?
La pregunta que muchos se hacen es: ¿por qué un actor con el mundo a sus pies se obsesionó con las haciendas?
La respuesta está en su origen. Mario Moreno nunca olvidó que venía de abajo -creció en Santa María la Redonda, un barrio ubicado en la alcaldía Cuauhtémoc, actualmente integrado a la colonia Guerrero y cercano a Tepito y La Lagunilla-.
Dicen que él veía en la hacienda no un símbolo de opresión, sino de oportunidad. El “Hacienda Style” de Cantinflas fue una forma de resistencia cultural. Al utilizar materiales locales como el barro, la madera de sabino y la piedra volcánica, ayudó a que las técnicas artesanales de construcción no desaparecieran ante la llegada masiva del concreto y la urbanización.
Además de la arquitectura, su legado fue educativo.
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En cada rancho o hacienda que pisó, promovió la tecnificación del campo.
Estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sobre la Época de Oro sugieren que figuras como “Cantinflas” fueron puentes entre el México agrario del pasado y el México moderno del futuro.
Él rescató el campo dándole un nuevo estatus; hizo que ser hacendado ya no fuera visto como un acto de tiranía, sino como una labor de amor y protección a la tierra.
Su influencia fue tal que, incluso hoy, los desarrollos turísticos rurales más exitosos de México siguen buscando replicar esa atmósfera de calidez y solidez que él perfeccionó en sus propiedades.
Top 10: Las joyas cinematográficas de Mario Moreno “Cantinflas”

Ojo. Esta lista no es solo por su risa, sino por cómo cada película retrata una profesión o un estrato social del México del siglo XX
Ahí está el detalle (1940): Considerada su obra maestra y una de las mejores comedias del cine hispano; es fundamental porque aquí el personaje de Cantinflas termina de definirse, utilizando el lenguaje enredado para confundir a la alta sociedad y a la justicia en un caso de identidad equivocada.
La vuelta al mundo en 80 días (1956): Esta producción de Hollywood lo llevó a la cima global al ganar el Globo de Oro como Mejor Actor; es clave porque demostró que el humor de Cantinflas (en el papel de Passepartout) era universal, logrando opacar incluso a las grandes estrellas estadounidenses de la época.
El siete machos (1951): Una parodia brillante de las películas de “charros” de la Época de Oro; es parte del top porque muestra la versatilidad de Mario al interpretar un doble papel, burlándose de los clichés del machismo mexicano con una agilidad física impresionante.
El gendarme desconocido (1941): En esta cinta, Cantinflas se convierte en un policía por accidente que termina capturando a una banda de ladrones; es educativa porque retrata la picardía del ciudadano común frente a la autoridad, humanizando la figura del servidor público.
El bolero de Raquel (1957): Su primera película en color en México, donde interpreta a un humilde limpiabotas que intenta cuidar a un niño huérfano; es vital porque muestra el lado más tierno y sentimental del actor, logrando una escena de baile parodiando el Bolero de Ravel que es icónica.

El Profe (1971): Un retrato conmovedor de la educación rural en México; es indispensable porque refleja el compromiso social de Mario Moreno, denunciando las carencias del sistema educativo y la importancia de los maestros en los pueblos más olvidados del país.
El Padrecito (1964): Aquí interpreta a un sacerdote moderno que choca con las tradiciones conservadoras de un pueblo; es un éxito porque utiliza el humor para hablar de la fe y la modernización de la Iglesia, convirtiéndose en una de las favoritas de las familias mexicanas.
Si yo fuera diputado (1952): En esta comedia política, Cantinflas se postula para un cargo público para ayudar a sus vecinos; es educativa porque explica (a su manera) el funcionamiento de la democracia y la importancia de que el pueblo tenga voz frente a los poderosos.
El analfabeto (1961): La historia de un hombre que recibe una carta importante pero no sabe leer; es una pieza clave de su filmografía porque destaca la lucha por la superación personal y el derecho a la educación, temas que Mario siempre impulsó fuera de la pantalla.
El Patrullero 777 (1978): Una de sus últimas grandes obras donde vuelve a ser policía, pero con un enfoque más crítico; es importante porque funciona como un vehículo de denuncia social contra la corrupción y la falta de valores, dejando lecciones éticas en cada diálogo.

Por su participación en La Vuelta al Mundo en 80 Días, el mimo recibió una suma que hoy equivaldría a más de 25 millones de dólares, convirtiéndose en el actor mejor pagado del planeta en 1956, superando incluso a muchas estrellas de Hollywood.”
La última función del caballero de la tierra
Mario Moreno “Cantinflas” nos enseñó que se puede hacer reír con palabras vacías, pero se debe construir con cimientos llenos de propósito.
Sus haciendas son el testimonio físico de un hombre que quiso ser el “patrón” que él mismo hubiera querido tener cuando no tenía nada.
Hoy, visitar estos lugares es hacer un viaje al corazón de la nostalgia, pero también a una visión de un México próspero y orgulloso de sus raíces.
¿Te gustaría conocer alguna de sus haciendas? ¿Sabías esto de “Cantinflas”?…
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