El origen del Pambazo: Tradición y paradas obligatorias para probarlo en México

Por: Circe Vargón

No hay antojito que represente mejor la esencia de los mercados mexicanos que el pambazo.

Con su característico color rojo, ese aroma a chile guajillo frito que se abre paso entre los puestos y la combinación perfecta de papa suave con chorizo crujiente, este manjar callejero despierta nostalgia y apetito al instante.

El origen del pambazo se remonta a la época virreinal, naciendo como un “pan para pobres” que hoy se ha transformado en un ícono de la gastronomía tradicional mexicana.

En este periodo post-vacacional, donde los viajeros regresan a sus ciudades, las paradas en las pambacerías clásicas del centro del país se vuelven un rito obligado para quienes buscan el sabor auténtico de la cocina de barrio.

Rojo, crujiente y lleno de historia/ Foto: Pixabay

De pan de “bajo precio” a joya culinaria

El nombre “pambazo” proviene de la expresión italo-ladina “pan basso”, que significa “pan bajo” o “pan de baja calidad”. Durante la época virreinal (de 1521 a 1821), este pan se elaboraba con harinas de menor calidad y trigo deteriorado, destinado exclusivamente a las clases populares.

Era un alimento económico, duro y accesible para los trabajadores urbanos que necesitaban algo que los saciara sin gastar mucho.

El pan se producía en establecimientos especializados llamados “pambacerías”, donde se horneaba en cantidades limitadas (se estima que no superaba el 4% de toda la harina procesada en la Ciudad de México)

Con el tiempo, la creatividad mexicana lo elevó a otra categoría: alguien tuvo la brillante idea de rellenarlo de papa con chorizo, sumergirlo en salsa de chile guajillo y pasarlo por el comal. El pan duro se ablandaba, los sabores se potenciaban y nacía el pambazo tal como lo conocemos hoy.

Aunque es icónico en la Ciudad de México, cada región del país le da su toque especial.

Desde los pambazos veracruzanos que no se bañan en salsa roja y se espolvorean con harina, hasta los del Estado de México que incorporan tradición sefardí (herencia cultural, religiosa e histórica de los judíos) con pan de acemite y rellenos de barbacoa. Y ni hablar de Toluca, donde la calidad de su chorizo -famoso en todo el país- eleva el sabor a otro nivel.

Cocina callejera que define nuestra identidad, bocado a bocado/Foto: Pexels

La leyenda del pambazo: ¿Xalapa y la emperatriz Carlota?

Una de las historias más románticas sobre el origen del pambazo nos lleva a Xalapa, Veracruz. La leyenda cuenta que el cocinero Josef Tüdös creó este platillo en honor a la emperatriz Carlota, esposa de Maximiliano de Habsburgo, durante la visita de la pareja imperial a la región en 1864.

Tüdös se inspiró en la majestuosidad del Pico de Orizaba (Citlaltépetl), el volcán más alto de México, y diseñó un pan blanco, suave y espolvoreado con harina que imitaba las cumbres nevadas de la montaña. La creación original, llamada “Capricho de la Emperatriz”, se rellenaba con chorizo, queso blanco, lechuga y chipotle adobado.

Aunque no existen pruebas históricas sólidas de esta versión, y los académicos señalan que el pan “basso” ya existía desde el virreinato, la leyenda se ha vuelto parte del folclore gastronómico mexicano y habla del cariño con el que este país adopta y transforma los alimentos.

Pambazo chilango vs. Pambazo veracruzano: dos mundos deliciosos

¡Sí! Sí hay diferencia, aquí te decimos lo que todo viajero debe conocer:

El pambazo de la Ciudad de México es el más famoso. Se baña generosamente en salsa de chile guajillo, adquiriendo ese color rojo intenso que lo caracteriza, y se fríe ligeramente en el comal con aceite o manteca. Se rellena tradicionalmente con papa cocida y machacada mezclada con chorizo, y se sirve con lechuga picada, crema, queso fresco y salsa verde o roja al gusto.

El pambazo veracruzano es completamente diferente. Su pan se espolvorea con harina y no se baña en salsa roja. Se abre como una torta y se rellena con frijoles refritos, chorizo, mayonesa, queso fresco, lechuga, cebolla y en muchas versiones, jamón o pollo deshebrado. El resultado es más fresco, menos pesado y con una textura que mantiene el pan suave y esponjoso.

En Xalapa, los pambazos son tan populares que incluso tienen su propio Festival del Pambazo, que se celebra cada año a finales de agosto y principios de septiembre en el Parque Juárez, reuniendo a más de 100 expositores con variedades que van desde el clásico de frijol con chorizo hasta versiones dulces y vegetarianas.

¿Sabías que existen diversas varieddades de pambazos?/Foto: Pexels

Otras variantes regionales que debes probar

En el Estado de México, específicamente en Santiago Tequixquiac, se elabora el “pambazo de pita” de tradición sefardí, con pan de acemite (salvado de trigo) y rellenos de barbacoa de cordero o guajolote, acompañado de chipotle y crema. En Malinalco también se preparan pambazos con influencia mediterránea, con masa más fina y rellenos de pollo con epazote.

En Puebla, los pambazos se hacen con el famoso pan de cemita o acemite, y se acompañan con aguacate, pápalo y queso blanco. En Orizaba, Veracruz, existe una versión llamada “pan de cazón”, rellena de frijoles, longaniza y queso blanco.

En Toluca, el chorizo local es el protagonista. La calidad de este embutido —que se elabora con carne de cerdo, chiles, especias y vinagre— es reconocida a nivel nacional y eleva el sabor del pambazo a niveles insospechados.

La alta cocina también abraza al pambazo

Para una experiencia más sofisticada, muchos chefs de alta cocina están reinterpretando este clásico con rellenos de pato confitado, setas silvestres o cochinita pibil, demostrando que la comida callejera es la base de la identidad gastronómica mexicana. Incluso hay versiones veganas con nopales o champiñones que han ganado popularidad entre las nuevas generaciones.

Restaurantes en la CDMX como “El Pescadito” o “Tortas Altharmita” han elevado el pambazo a categoría gourmet, sin perder su esencia callejera. Y en ferias gastronómicas como la “Noche Mexicana” en el Zócalo, no es raro encontrar puestos con largas filas esperando probar las últimas innovaciones de este antojito centenario.

El pambazo ha sido reconocido internacionalmente. Medios como The Daily Meal lo incluyeron en su lista de los “12 sándwiches que cambiarán tu vida”, describiéndolo como “insanely delicious”. The Village Voice también lo ha calificado como legendario.

El pambazo es más que un alimento: es un pedazo de historia, un símbolo de resistencia y creatividad. Nació como el pan de los pobres y hoy se disfruta en todos los estratos sociales, desde el puesto callejero más humilde hasta la mesa de un restaurante de alta cocina.

El mejor antojito es el que se come en la calle. Nos vemos en el mercado.

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