La Casa de los Azulejos: La joya del Centro Histórico, de palacio aristocrático a templo del café y el muralismo


Por: Gustavo Silva González ( g.silva@mexicotravelchannel.com.mx )

Caminar por la calle de Madero, en el corazón de la Ciudad de México, es una experiencia sensorial abrumadora, pero hay un punto exacto donde el ruido del presente parece chocar contra un muro de porcelana azul y blanca.

Pocos edificios en América Latina logran capturar la mirada con tanta fuerza como la Casa de los Azulejos. Éste, además de ser un restaurante, es un punto de encuentro; es un testigo mudo que ha sobrevivido a terremotos, revoluciones y el paso de la aristocracia a la modernidad.

Para el viajero que busca más que una foto o video para sus redes sociales, este palacio representa el máximo esplendor del barroco novohispano y la complejidad de nuestra identidad mestiza.

¿Quieres conocerlo a detalle?

¡Sigue leyendo.

El origen de un palacio: La leyenda del “hijo holgazán”

La historia del recinto se remonta al siglo XVI, pero su transformación estética más importante ocurrió en el siglo XVIII.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la propiedad pertenecía originalmente a la familia de los Condes del Valle de Orizaba.

El edificio, tal como lo vemos hoy, es producto de una renovación total iniciada en 1737, cuando la Condesa Graciana Suárez Peredo regresó de Puebla con una visión arquitectónica que cambiaría el paisaje de la capital.

Sobre la famosa fachada de azulejos de Talavera poblana, existe una leyenda popular, recogida por cronistas como Salvador Novo, que narra la reprimenda de un padre a su hijo parrandero:

“Hijo, tú nunca harás casa de azulejos”, una frase que en aquel entonces significaba que alguien jamás llegaría a ser rico o productivo.

El joven, herido en su orgullo, no solo reformó su vida, sino que revistió el palacio familiar con miles de piezas de cerámica para demostrar su éxito.

Si bien es una narrativa romántica, los registros históricos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sugieren que la decisión fue puramente estética y económica, mostrando el inmenso poder adquisitivo de la familia al importar estos materiales desde los talleres de Puebla.

La Casa de los Azulejos: La joya del Centro Histórico
El edificio, tal como lo vemos hoy, es producto de una renovación total iniciada en 1737.

La Revolución Mexicana y el nacimiento de un ícono comercial: Sanborns

Con la caída del Segundo Imperio (1864 y 1867, encabezado por el archiduque austriaco Maximiliano de Habsburgo y su esposa, la emperatriz Carlota) y la llegada del Porfiriato, el palacio dejó de ser un hogar nobiliario para convertirse en el exclusivo Jockey Club de México, un punto de reunión para la élite de la época.

Sin embargo, el destino del edificio cambiaría drásticamente tras la Revolución Mexicana. Según archivos de la Secretaría de Cultura, en 1914, el edificio fue brevemente ocupado por las tropas de Emiliano Zapata, dejando para la posteridad la famosa fotografía de los zapatistas desayunando en el lujoso salón.

En 1919, los hermanos Walter y Frank Sanborn vieron el potencial del recinto y decidieron trasladar allí su exitosa droguería y fuente de sodas.

Esta transición fue clave para la conservación del edificio. A diferencia de otros palacios que fueron demolidos para abrir avenidas, la Casa de los Azulejos se mantuvo en pie gracias a su nueva función pública. El concepto de los Sanborns no solo democratizó el acceso al palacio, sino que lo convirtió en un “museo vivo” donde cualquier persona podía disfrutar de un chocolate caliente bajo una arquitectura que antes estaba reservada solo para condes.

La Casa de los Azulejos. Historia. Emiliano Zapata.
En 1914, el edificio fue brevemente ocupado por las tropas de Emiliano Zapata.

“Omnisciencia”: El grito muralista de José Clemente Orozco

Subir por la escalera principal de la Casa de los Azulejos es encontrarse de frente con la fuerza del muralismo mexicano.

En 1925, el entonces dueño del edificio, Francisco Iturbe, comisionó a José Clemente Orozco para pintar un mural que rompiera con la sobriedad del patio colonial. El resultado fue “Omnisciencia”, una obra que, según los catálogos del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), representa el origen de la humanidad y el conocimiento a través de figuras monumentales.

“En este mural, Orozco utiliza la dualidad y el fuego como símbolos de la creación y la destrucción, alejándose de los temas políticos evidentes para centrarse en una búsqueda más espiritual y universal”, señalan expertos del Museo Palacio de Bellas Artes.

El mural es una de las pocas obras de Orozco que se encuentran en un espacio comercial de libre acceso. Las figuras femeninas y las manos poderosas que dominan la escena contrastan con los azulejos exteriores, creando un diálogo entre la herencia virreinal (la fachada) y el despertar nacionalista de principios del siglo XX (el mural).

Casa de los Azulejos. "Omnisciencia": El grito muralista de José Clemente Orozco
En 1925, el entonces dueño del edificio, Francisco Iturbe, comisionó a José Clemente Orozco para pintar este mural.

Curiosidades poco conocidas de su arquitectura barroca. ¡Conócelas!

Aunque los azulejos se llevan el protagonismo, el interior del edificio esconde detalles técnicos que fascinan a los arquitectos.

La estructura cuenta con columnas de piedra chiluca que sostienen arcos trilobulados de clara influencia mudéjar, una herencia islámica que llegó a México a través de España.

Además, el patio central posee una techumbre de cristal que se añadió en el siglo XX para proteger las mesas del restaurante, pero que originalmente era un espacio abierto que permitía la entrada de carruajes.

Un detalle que a menudo pasa desapercibido para el visitante común son las barandillas de bronce de las escaleras, traídas de China a través de la Nao de China (nombre con el cual se denominaba a la ruta comercial que conectaba al reino de España con las riquezas de Asia a través de la Nueva España), lo que demuestra que este edificio era un nodo de comercio global en su época.

Investigaciones de la Universidad Iberoamericana resaltan que el palacio es un catálogo físico de la globalización temprana: piedra mexicana, cerámica poblana con diseño chino, bronce oriental y pintura mural vanguardista.

La Casa de los Azulejos
La estructura cuenta con columnas de piedra chiluca.

Un festín para los sentidos y la memoria

La Casa de los Azulejos es mucho más que un restaurante de paso; es el epicentro donde la historia de nuestro maravilloso México se puede leer en las paredes.

Es un lugar donde puedes desayunar bajo un Orozco, tocar la cerámica que soñó una condesa y sentir el peso de los siglos en cada rincón.

Visitarlo es un acto de resistencia cultural frente a la rapidez de la vida moderna.

¿Te gustaría redescubrir este icono en tu próxima visita al Centro Histórico?

No olvides subir al segundo piso para admirar de cerca los detalles del mural y la herrería.

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La Casa de los Azulejos: La joya del Centro Histórico
La propiedad pertenecía originalmente a la familia de los Condes del Valle de Orizaba.

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