Santa Fe: de minas y basureros al corazón empresarial de la CDMX

Maggu Jasso / m.jasso@mexicotravelchannel.com.mx

Hoy resulta casi imposible imaginarlo, pero Santa Fe, una de las zonas más modernas y exclusivas de la Ciudad de México, tuvo un origen muy distinto al que conocemos.

Antes de convertirse en un referente del sector empresarial, corporativo y residencial de alto nivel, esta área fue durante décadas un territorio olvidado, marcado por minas, barrancas y uno de los tiraderos de basura más grandes de la capital.

Ubicada al poniente de la CDMX, entre las alcaldías Álvaro Obregón y Cuajimalpa, Santa Fe es un claro ejemplo de cómo la ciudad ha sabido reinventarse, aunque no sin retos ni controversias.

El origen de Santa Fe: minas, pueblos y barrancas

La historia de Santa Fe se remonta a la época colonial, cuando la zona era conocida principalmente por sus minas de arena y grava, materiales esenciales para la construcción de la Ciudad de México.

Durante siglos, esta región estuvo ocupada por pequeños pueblos, caminos rurales y terrenos irregulares, alejados del centro político y económico de la capital.

Con el paso del tiempo y el crecimiento desordenado de la ciudad, muchas de estas minas quedaron abandonadas, convirtiéndose en enormes huecos que, a mediados del siglo XX, comenzaron a utilizarse como tiraderos de basura.

Es así que… ¡Aunque no lo creas!… Durante años, Santa Fe fue sinónimo de contaminación, pobreza y marginación, un contraste total con la imagen que proyecta actualmente.

Lugar de agua, arena y vida

Mucho antes de los corporativos, la zona de Santa Fe fue un territorio rico en agua dulce, gracias a manantiales que abastecían a comunidades cercanas.

El manantial que abastecía de agua dulce a Santa Fe, se encontraba en los veneros del pueblo de Santa Fe, ubicados en lo que hoy es la Zona Militar 1-F. Estos manantiales alimentaban el Acueducto de Santa Fe, construido a finales del siglo XVI para llevar agua al centro de la ciudad y al norte de San Juan Tenochtitlán. Posteriormente, se incorporaron fuentes adicionales como el manantial Agua de Leones en el Desierto de los Leones, en Cuajimalpa, para ampliar el suministro.

Los manantiales de Santa Fe surgieron en una barranca al norte del pueblo prehispánico, comprados por la ciudad en 1563 al Obispado de Michoacán y ratificados en 1577.

Inicialmente, el agua corría por canales abiertos hasta Chapultepec, impulsando molinos en Tacubaya y otros sitios. Este sistema complementaba el Acueducto de Chapultepec, asignando el agua de Santa Fe a los españoles y la de Chapultepec a los indígenas del sur.

Con el paso del tiempo, este recurso acuífero fue desplazado por la explotación de arena y grava, materiales esenciales para el crecimiento de la capital.

Es así que, las canteras comenzaron a dominar el paisaje. Para extraer estos materiales se desarrollaron complejas técnicas de excavación que dejaron enormes huecos en la tierra.

Esta actividad, aunque clave para la construcción de la ciudad, acabó con los mantos acuíferos y transformó radicalmente el entorno natural.

Del vacío al basurero más grande de la ciudad

Cuando las canteras quedaron inutilizables, los enormes huecos se convirtieron en el sitio perfecto para algo impensable hoy: el basurero más grande de la Ciudad de México. Durante décadas, toneladas de desechos fueron depositadas en Santa Fe, creando una montaña de residuos que se volvió una bomba de tiempo ambiental.

Aquí surge una de las figuras más emblemáticas del lugar: un pepenador legendario, llamado Rafael Gutiérrez Moreno, conocido por decidir quién podía o no entrar al basurero. Para muchos, era una autoridad informal, respetada y temida, que controlaba el acceso al sustento diario de cientos de familias que sobrevivían entre los desechos.

Ingeniería contra el desastre: domar al metano

La transformación de Santa Fe no fue solo urbanística, sino también una hazaña de ingeniería. El principal riesgo era el gas metano generado por la basura enterrada, altamente inflamable y capaz de provocar explosiones.

Para evitar una catástrofe, se diseñó un sistema de captación y ventilación de gases, además de un complejo proceso de relleno, compactación y estabilización del terreno. Las antiguas canteras fueron reforzadas para soportar el peso de edificios y vialidades, haciendo posible lo que muchos consideraban imposible. Sin embargo, la duda sigue para muchos, ¿acaso será una bomba de tiempo que destape de manera peligrosa aquel gas metano, tóxico para la vida misma?

Ermitaños y pólvora

Entre los episodios más curiosos de Santa Fe está la existencia de la Ermita del Ermitaño, un lugar de retiro espiritual donde personas buscaban aislamiento, silencio y reflexión, muy lejos del bullicio de la ciudad. Resulta casi poético pensar que un lugar hoy saturado de tráfico alguna vez fue sinónimo de retiro y contemplación.

Se trataba de un pequeño edificio que permitía la soledad contemplativa, atrayendo a figuras como Gregorio López, quien habitó allí en las últimas décadas del siglo XVI. Él era un ermitaño español llegado a Nueva España en 1562, quien encontró en esta ermita el sosiego definitivo tras un periplo errante por Zacatecas, la Huasteca, Atlixco y Oaxtepec.

Rechazado por franciscanos por su estilo austero —sin imágenes, escapularios ni devociones comunes—, López practicaba un eremitismo riguroso: dormía en el suelo con piedra por almohada, comía maíz tostado y frutas silvestres una vez al día, y dedicaba su tiempo a lecturas bíblicas y místicas.

Con el paso del tiempo, el lugar se convirtió en refugio para meditación profunda, atrayendo a clérigos, virreyes y curiosos en busca de consejo espiritual o teológico.

Otra de las historias, casi desconocidas de Santa Fe es que durante la época colonial, la comunidad española también instaló en la zona una fábrica de pólvora, aprovechando su lejanía del centro urbano.

La ubicación no era casual: cualquier accidente debía ocurrir lejos de la población, lo que refuerza la idea de Santa Fe como un territorio marginal durante siglos.

Ya en el siglo XX, la zona albergó un hospital psiquiátrico, sumando otra capa de historias humanas marcadas por el abandono, la exclusión y el olvido.

La transformación urbana, un proyecto ambicioso

Fue hasta la década de los años noventa cuando el destino de Santa Fe cambió de manera radical. El gobierno capitalino impulsó uno de los proyectos de renovación urbana más ambiciosos del país, con la idea de crear un nuevo polo de desarrollo económico que ayudara a descongestionar otras zonas de la ciudad.

Así nació Santa Fe como distrito financiero y corporativo, con una planeación pensada para atraer grandes empresas, universidades privadas, centros comerciales y desarrollos residenciales de alto poder adquisitivo. Rápidamente, corporativos nacionales e internacionales establecieron aquí sus oficinas, convirtiendo a Santa Fe en un motor económico clave para la CDMX y para México.

Importancia de Santa Fe

Hoy, Santa Fe alberga sedes de empresas multinacionales, corporativos financieros, hospitales privados de alta especialidad y algunas de las universidades más prestigiosas del país.

Además, su infraestructura moderna la ha posicionado como una de las zonas con mayor actividad económica en la capital.

En términos de empleo, Santa Fe genera puestos de trabajo diariamente y recibe a una enorme cantidad de personas que se trasladan desde distintos puntos del Valle de México. Su impacto económico no solo beneficia a la CDMX, sino que también la consolida como una ciudad competitiva a nivel internacional.

Residencias de alto poder adquisitivo y estilo de vida

Otro de los sellos distintivos de Santa Fe es su oferta residencial. En la zona se encuentran algunos de los desarrollos inmobiliarios más exclusivos, con departamentos de lujo, vistas privilegiadas y servicios de primer nivel.

Este crecimiento ha atraído a ejecutivos, empresarios y familias que buscan un estilo de vida moderno, cercano a su lugar de trabajo y con acceso a centros comerciales, restaurantes, espacios culturales y áreas verdes. Aunque también ha generado debates sobre movilidad, acceso a servicios y desigualdad urbana.

Actualmente, Santa Fe es reconocido como el segundo corredor más importante de oficinas en la CDMX, con 24 mil metros cuadrados, solamente superado por Polanco, con más de 30 mil metros cuadrados, de acuerdo con datos de la desarrolladora inmobiliaria Frel.

Lo que quizás no sabías de Santa Fe

  • Debajo de varios edificios corporativos existen antiguas minas rellenas, reforzadas para soportar las estructuras actuales.
  • Santa Fe fue uno de los primeros proyectos en México en apostar por un distrito financiero fuera del centro tradicional.
  • El área sigue enfrentando retos importantes, como la movilidad y el acceso al transporte público, debido a su rápido crecimiento.
  • A pesar de su imagen moderna, todavía convive con pueblos originarios cercanos que conservan tradiciones y fiestas locales.

Hoy, Santa Fe representa las contradicciones y posibilidades de la Ciudad de México: una zona que pasó del abandono a la modernidad en pocas décadas, y que hoy simboliza tanto el desarrollo económico como los retos urbanos del futuro.

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