Cuando todo costaba un peso: la historia del pesero y los taxis en la Ciudad de México

Maggu Jasso / m.jasso@mexicotravelchannel.com.mx

Por las calles de la Ciudad de México transita un específico tipo de transporte con rutas determinadas que guarda toda una historia y anécdotas, incluida aquella que da pie a su propio nombre. ¿Te lo imaginas? ¿Sabes de cuál estamos hablando?… Nos referimos al “pesero”.

Si has transitado alguna vez por la gran capital del país, seguramente te has subido a un pesero. Y si no, seguramente te han contado de ese peculiar sonido de monedas (cuando son colocadas o tomadas de un porta monedas de madera o plástico), o de esos gritos del chofer cuando exclama “pásenme su pasaje”. Y claro, no se podría olvidar algo tan particular como ser pasajero de un pesero cuya música va todo volumen.

Sin duda, ¡el pesero es toda una referencia de cultura popular!

Aunque hoy lo vemos totalmente normal, como parte del paisaje cotidiano, su origen se remonta a una ciudad muy distinta, cuando la movilidad todavía se improvisaba y el ingenio era clave para llegar de un destino a otro.

De hecho, antes todo el transporte público, exceptuando el metro, el trolebús… eran “peseros”.

Después, la modernidad llegó y cuando empezaron a aparecer los microbuses hubo quien les decía “peseros mientras otros ya les llamaban “micro” o “la micro”. 

Así, también sucedió con la llegada de los camiones como transporte público… El resto. Seguro ya te lo sabes.

¿Pero por qué se llama “pesero”?

Empecemos contando el origen de su nombre, lo que nos remonta a finales de los años 60 cuando comenzaron a circular en la ciudad unas unidades de transporte colectivo informal cuya tarifa era de un peso.

En aquellos años, pagar un peso por el viaje era accesible para la mayoría, así que la gente empezó a llamarles de forma natural “peseros”.

Curiosamente, antes de que el término se asociara al transporte colectivo, los taxis también eran conocidos como peseros, ya que su banderazo inicial rondaba ese mismo costo.

Más adelante te contamos qué sucedió con los taxis y la denominación de los “peseros”.

Cuando las “lanchas” navegaban por el asfalto

Una de las anécdotas más curiosas del transporte capitalino es la de las llamadas “lanchas”, que nada tenían que ver con el agua.

Añitos más tarde, es decir, a principios de los años 70, comenzaron a adaptarse vehículos largos y estrechos, similares en forma a una lancha, para transportar pasajeros en zonas donde el transporte formal no llegaba.

Estas lanchas urbanas rápidamente se popularizaron y, como su tarifa también era de un peso, terminaron integrándose al universo de los peseros.

Eran prácticas, rápidas y, aunque rudimentarias, resolvían una necesidad urgente de movilidad en una ciudad que crecía sin freno.

Diferencia entre taxis y peseros

Es así que para las décadas de 1960 y 1970, el término pesero no se usaba de forma tan específica como hoy. En realidad, “pesero” era una palabra popular para casi cualquier transporte que cobrara un peso, y eso incluía tanto a taxis como a vehículos colectivos.

Conforme la ciudad creció y el transporte colectivo comenzó a expandirse en rutas fijas, los microbuses, camionetas y las llamadas “lanchas” adoptaron el mismo precio accesible de un peso por pasajero.

Fue entonces cuando el uso del término empezó a cambiar: el pesero dejó de asociarse al taxi —que ofrecía un servicio individual— y comenzó a identificarse principalmente con el transporte compartido, donde varias personas viajaban al mismo tiempo por una ruta definida.

Al pasar el tiempo, el lenguaje popular hizo lo suyo. Los taxis evolucionaron en tarifas, modelos y regulación, mientras que los vehículos colectivos conservaron el espíritu del “viaje por un peso”.

Así, el nombre pesero se quedó definitivamente con el transporte público colectivo, convirtiéndose en un símbolo urbano, mientras que los taxis retomaron su identidad propia.

Esta transición refleja cómo la movilidad y el habla cotidiana de la ciudad se transformaron juntas.

Del ingenio popular al caos urbano

En las décadas siguientes, los peseros se multiplicaron por toda la capital. Microbuses, combis y camionetas de distintos modelos tomaron las calles, muchas veces sin una regulación clara.

Para millones de personas, el pesero fue, y sigue siendo, la única forma de llegar al trabajo, la escuela o la casa.

El transporte público también se volvió símbolo de los retos de la movilidad: saturación, tráfico y contaminación. Pero, sin duda, los peseros marcaron una época y moldearon la forma en que la ciudad se mueve y se vive.

Un ícono que vive en la memoria colectiva

Hoy, muchos peseros han sido sustituidos por sistemas más modernos como el Metrobús o los corredores concesionados. Sin embargo, su recuerdo sigue intacto.

El pesero no es solo un medio de transporte. Es una experiencia compartida. Una historia que todos los chilangos cuentan de alguna forma.

Hablar del pesero es hablar de la ciudad misma: caótica, creativa, ruidosa y profundamente viva.

¿Tienes alguna anécdota en un pesero? ¿Recuerdas las lanchas o los antiguos taxis de un peso?

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