Por: Circe Vargón
Puebla esconde un secreto geológico que pocos conocen: el volcán más pequeño del mundo. Aquí te contamos todo sobre el Cuexcomate, una parada obligada para los amantes de las curiosidades mexicanas.
Puebla es famosa por sus iglesias cubiertas de talavera, su mole que ha dado la vuelta al mundo y sus chiles en nogada que solo aparecen en temporada. Pero la ciudad esconde un récord geológico que pocos conocen, incluso entre los propios poblanos.
En el barrio de La Libertad, a solo 15 minutos del zócalo, se encuentra el Cuexcomate, reconocido popularmente como el volcán más pequeño del mundo.
Aunque los geólogos te dirán que en realidad se trata de un géiser inactivo -porque en lugar de arrojar lava, expulsaba agua a altas temperaturas-, su estructura cónica, su cráter de ocho metros de diámetro y su escalinata interna lo convierten en una parada obligatoria para el turismo de curiosidades en Puebla.
¡Lo mejor de todo es que puedes bajar hasta el fondo!
Es una experiencia surrealista descender al corazón de lo que alguna vez fue un torrente de agua y minerales, rodeado de formaciones de calcita que parecen esculpidas por una mano invisible.

El “volcán” que en realidad es un géiser
Vamos a aclarar el misterio de una vez. El Cuexcomate no es un volcán en sentido estricto. Como decíamos, los especialistas lo clasifican como un géiser inactivo, es decir, un manantial termal que en el pasado lanzaba chorros de agua caliente y vapor de forma periódica.
Su última actividad registrada fue en 1662, hace más de 360 años.
Pero si no es un volcán, ¿por qué se le llama así?
La respuesta es: Por su forma.
El volcán más pequeño del mundo está en México.
— México Travel Channel (@MexicoTravelCh) April 15, 2024
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Su cono de 13 metros de altura y 23 metros de diámetro exterior emula a la perfección la silueta de un volcán en miniatura, con un cráter de ocho metros en la cima que invita a asomarse.
El origen del Cuexcomate se remonta a hace aproximadamente 962 años, alrededor del año 1064. Una fuerte erupción del Popocatépetl -el coloso que los poblanos y mexiquenses conocen bien- activó la circulación de aguas termales subterráneas que se abrieron paso entre la roca calcárea, formando este géiser único.
Por eso, el Cuexcomate está compuesto en un 99% de calcita, un material distinto al sílice que forma la mayoría de los géiseres del mundo. Eso lo hace una rareza geológica incluso entre las rarezas.
Y el dato que impresiona a los ingenieros: el cono del Cuexcomate pesa aproximadamente 400 toneladas. No está mal para un “volcancito” que cabe en el jardín de una casa.

Bajar al cráter… ¡Una experiencia que pocos lugares del mundo ofrecen!
Aquí es donde la historia se pone buena. En la mayoría de los volcanes del mundo, lo máximo que puedes hacer es admirarlos desde lejos o, con suerte, caminar por sus faldas.
En el Cuexcomate, puedes descender al interior del cráter. Una escalera metálica en forma de caracol te lleva desde el borde hasta el fondo, donde te espera un pequeño pero hermoso yacimiento de agua cristalina que proviene de cavernas subterráneas aún no exploradas.
El agua, de origen sulfuroso, se filtra desde corrientes subterráneas que, según los lugareños, conectan con los ríos que van hacia Cholula y Atlixco.
Al bajar, la temperatura cambia, el eco de tus pasos rebota en las paredes de calcita y te das cuenta de que estás dentro de una maravilla geológica de casi mil años.
Es una experiencia que pocos lugares en el mundo pueden ofrecer y que convierte al Cuexcomate en un imán para familias, viajeros curiosos y amantes de la geología.
Dentro del cráter, los guías locales -que son vecinos de la junta auxiliar La Libertad- te señalarán figuras que la roca ha moldeado con el tiempo: un león, un jaguar, una lechuza e incluso imágenes religiosas.
La tradición oral dice que hay una roca con forma de corazón, y que, si introduces la mano en la humedad y pides un deseo, este se cumplirá. Puede que la ciencia no respalde el ritual, pero la mística del lugar te invita a creer.

La leyenda del hijo del Popocatépetl y la Iztaccíhuatl
Como todo rincón con alma en México, el Cuexcomate tiene su propia leyenda. Una antigua historia cholulteca cuenta que el pequeño géiser es hijo del Popocatépetl y la Iztaccíhuatl.
Cuando los dos volcanes enamorados se encontraron, el Popocatépetl expresó su amor e ira en una erupción, y de esa explosión de sentimientos nació el Cuexcomate como una manifestación de su gran poder.
Otra versión, más trágica, habla del sacrificio de una doncella para calmar la ira de la tierra, representado en la figura de Ameyaltzin.
La historia narra que, tras un letargo, el Popocatépetl comenzó a arrojar fuego, cenizas y ruidos aterradores, lo que los pobladores de Cholula interpretaron como el enojo de la madre tierra.
Ante la desesperación, los sacerdotes decidieron sacrificar a una persona de linaje real. La elegida fue Ameyaltzin (que significa “pequeño manantial”), hija del sumo sacerdote.
La joven doncella fue ataviada con ropas finas, flores, joyas de oro y jade, y vestida para su sacrificio.
Tras el sacrificio de la doncella se cuenta que la actividad disminuyó, pero del lugar donde ocurrieron los hechos brotó agua hirviendo y lodo, formando el cono que hoy se conoce como el Cuexcomate, consolidándose como una “olla de barro” o lugar de ofrendas.
Lo cierto es que, al pie del Cuexcomate, la imaginación vuela y las historias se entrelazan con el rumor del agua subterránea.
Cuexcomate: ¿Dónde está y cómo llegar?
El Cuexcomate se encuentra en la Plaza del Cuexcomate, el zócalo de la Junta Auxiliar La Libertad, en la ciudad de Puebla. La dirección exacta es el cruce de la Tercera Norte y Cuarta Poniente.
Desde el zócalo de Puebla, son aproximadamente 15 minutos en auto. Si vas en transporte público, hay rutas locales que te dejan cerca; pregunta por “La Libertad” y cualquier poblano te sabrá orientar.
Si vienes desde la Ciudad de México, toma la autopista México-Puebla. El trayecto es de aproximadamente dos horas en auto, con dos casetas que suman alrededor de 184 pesos por trayecto. Una vez en Puebla, sigue las indicaciones hacia el norte de la ciudad.

Un récord natural que vale la pena conocer
El Cuexcomate no es el volcán más alto, ni el más famoso, ni el que sale en las postales típicas de Puebla. Pero tiene algo que ningún otro volcán del mundo puede ofrecer: puedes bajar a su interior, tocar sus paredes de calcita y sentir el eco de casi mil años de historia.
En México Travel Channel creemos que viajar es también dejarse sorprender por lo inesperado. Y el Cuexcomate es, sin duda, una de esas sorpresas que Puebla guarda para el viajero curioso.
¿Listo para descender al cráter del volcán más pequeño del mundo?
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¡Nos vemos en el cráter!


