Por: Gustavo Silva González ( g.silva@mexicotravelchannel.com.mx )
¿Por qué nos da sueño después de comer? Analizamos la marea alcalina y el “mal del puerco” con base en estudios de la UNAM y… ¡Descúbrelo!
Sucede en las oficinas, en las comidas familiares de domingo y, con especial crueldad, justo antes de esa reunión de Zoom que “podría haber atendido con un correo electrónico”.
Terminas el último bocado, y el mundo parece volverse un poco más lento, tus párpados adquieren el peso de dos yunques y la silla de la oficina empieza a parecerse peligrosamente a una cama de hotel cinco estrellas…. ¿Te ha pasado?
En México, no necesitamos un diagnóstico médico para esto; simplemente cruzamos la mirada con un colega y decimos: “¡Oh! Ya me dio el mal del puerco”.
Pero, ¿alguna vez te has preguntado por qué nos comparamos con este noble animal o qué está pasando realmente dentro de tu sistema circulatorio?
Lejos de ser un mito, este estado de “coma gastronómico” tiene una base científica fascinante y una relevancia cultural que define nuestra forma de convivir.

Marea alcalina: La explicación científica de tu derrota
Antes de culpar a tu falta de voluntad, es necesario entender que tu cuerpo está ejecutando una prioridad biológica.
Lo que coloquialmente llamamos “mal del puerco”, la ciencia lo denomina somnolencia postprandial. Según investigaciones de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), este proceso está ligado a la llamada marea alcalina.
Cuando ingerimos alimentos, el estómago debe producir ácido clorhídrico para digerirlos. Para mantener el equilibrio, el cuerpo segrega bicarbonato de sodio para compensar esa acidez, lo cual eleva ligeramente el pH de la sangre.
Este cambio químico actúa como un interruptor para el sistema nervioso parasimpático. Expertos explican que el flujo sanguíneo se redistribuye hacia el sistema digestivo, disminuyendo momentáneamente en otros órganos como el cerebro, lo que induce ese estado de relajación y letargo que nos deja fuera de combate.
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El papel del triptófano: El sedante natural en tu plato
Más allá del pH de la sangre, existe una coreografía química en tu cerebro impulsada por lo que acabas de comer.
Estudios del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán señalan que el consumo de carbohidratos de alto índice glucémico dispara la producción de insulina.
Esta hormona no solo transporta azúcar a las células, sino que permite que el triptófano (un aminoácido presente en muchas proteínas) cruce la barrera hematoencefálica con mayor facilidad.
Una vez en el cerebro, el triptófano se convierte en serotonina y, posteriormente, en melatonina, la hormona responsable de regular los ciclos de sueño.
Básicamente, si tu comida fue rica en azúcares o harinas, has fabricado un somnífero natural que tu cerebro no puede ignorar.
Pero… ¿Por qué el puerco?
La elección del cerdo como el estandarte de esta somnolencia no es gratuita ni mucho menos aleatoria.
En el imaginario colectivo mexicano, el cerdo representa la satisfacción total seguida de la inactividad.
Los cerdos, tras alimentarse, entran en un estado de letargo profundo para procesar las calorías.
Según el Archivo Histórico de la Gastronomía Mexicana, la frase se consolidó en la cultura popular durante el siglo XX. Al decir “me dio el mal del puerco”, estamos humanizando el proceso biológico a través de una analogía rural que todos comprendemos: el ciclo de comer, saciarse y desconectarse del mundo.
No es pereza, es una aceptación de nuestra naturaleza mamífera y un respeto tácito a la sobremesa, ese espacio de convivencia social tan propio de nuestra identidad.

¿Cómo sobrevivir (o abrazar) la marea alcalina?
Si bien en México la sobremesa es casi sagrada, la vida moderna a veces exige que sigamos despiertos.
Especialistas de la Revista de Gastroenterología de México sugieren que el orden de los alimentos puede cambiarlo todo. Consumir fibra o ensalada antes de los platos fuertes ayuda a que los niveles de glucosa no suban de golpe, evitando el “latigazo” de insulina y sueño.
Caminar apenas diez minutos después de comer es otra estrategia avalada por la fisiología para redistribuir el flujo sanguíneo y mantener la alerta mental. Sin embargo, si el contexto lo permite, una siesta corta de 15 a 20 minutos puede ser el remedio definitivo que honra tanto a la ciencia como a la tradición mexicana.
El placer de ser humano (¡y mexicano!)
El “mal del puerco” es una señal de que estamos vivos y de que nuestra gastronomía es lo suficientemente potente como para detener el reloj. Es un recordatorio de que somos seres biológicos en un mundo que a veces corre demasiado rápido.
La próxima vez que sientas ese peso en los ojos después de una buena comida, no te sientas culpable; recuerda que tu cuerpo está haciendo su trabajo más importante.
¿Y a ti, qué platillo mexicano es el que más “mal del puerco” te provoca?
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