Por Jasiel E. Angeles Marin (j.angeles@mexicotravelchannel.com.mx)
Descubre los 5 juegos tradicionales mexicanos que marcaron generaciones. Un recorrido nostálgico por la infancia en México. ¿Acaso jugaste al menos 3 de ellos?
Seguramente te ha pasado esto: Vas por la calle caminando y ves a unos niños jugando o escuchas el nombre de algún juego y de inmediato te acuerdas de cómo eran esas tardes cuando tú eras niño.
No había que planear mucho ni gastar dinero, bastaba con salir, juntarse con los amigos y empezar la aventura.
Antes, el entretenimiento estaba en cosas mucho más simples. Un gis, unas canicas o un trompo eran suficientes para pasar horas enteras sin preocuparte por nada más.
Y aunque actualmente todo ha cambiado con la tecnología, esos juegos siguen siendo parte de lo que muchos vivimos y disfrutamos.
Aprovechando que se acerca el Día del Niño, vale la pena recordar esos momentos y los juegos que, sin darnos cuenta, marcaron nuestra infancia.
¡Se vale sacar la lágrima de cocodrilo! Y por qué no, motivar a que algún lector como tú, a que dedique alguno minutos para jugar con su hija, sobrino… alguno de estos juegos.

Los juegos tradicionales más que diversión, parte de nuestra identidad
Referirnos a los juegos tradicionales es hablar de cultura. No son solo actividades para pasar el rato, sino formas de convivencia que han sido transmitidas de generación en generación.
Estos juegos no solo fomentaban la actividad física, también ayudaban a desarrollar habilidades sociales, coordinación y creatividad, todo en un entorno de interacción directa.
Además, muchos de estos juegos se adaptaban a cualquier espacio: una calle, un patio o incluso un terreno improvisado. Lo único indispensable era tener ganas de jugar.
Avioncito… ¡equilibrio, concentración y risas en el piso!
El avioncito era uno de los favoritos en cualquier colonia.
Solo se necesitaba un pedazo de gis para dibujar las casillas en el suelo y una piedrita para comenzar.
Aunque parece sencillo, el reto estaba en mantener el equilibrio mientras se avanzaba en un solo pie, sin pisar las líneas.
Era un juego que combinaba destreza física con concentración, y que fácilmente reunía a varios niños en torno a una misma dinámica.
Más que competir, era una excusa perfecta para convivir.
Así se juega
El avioncito se dibuja en el piso con gis numerando cada espacio. Los jugadores lanzan una piedrita a una de las casillas y deben avanzar brincando en un solo pie, evitando pisar donde cayó la piedra y sin salirse de las líneas.
Gana quien logra completar todo el recorrido sin perder el equilibrio ni cometer errores.
Es un juego sencillo, pero que pone a prueba la coordinación, la concentración y, sobre todo, las ganas de divertirse.

Balero: Paciencia y precisión en cada intento
El balero es uno de los juguetes más representativos de México.
Su mecánica es simple, insertar el palo en la bola unida por un cordón. Pero dominarlo no era tarea fácil.
Este juego enseñaba algo que hoy parece escaso: paciencia.
Intentarlo una y otra vez hasta lograrlo formaba parte del proceso, y cada acierto se celebraba como un gran logro.
Además, muchos baleros eran artesanales, lo que los conectaba directamente con las tradiciones locales.

Trompo: Habilidad que se gana con práctica
El trompo no solo se trataba de hacerlo girar, sino de dominarlo.
Lanzarlo correctamente, recogerlo en la mano o hacer trucos lanzándolo al suelo eran habilidades que se aprendían con el tiempo.
Era un juego que exigía coordinación y práctica constante, pero que también generaba una especie de comunidad entre quienes lo jugaban, compartiendo técnicas y retos.
Recuerdo que de niño, algunas tiendas de auto servicio, organizaba torneos de trompo y de yoyo. ¡Qué tiempos!

Canicas: Estrategia, precisión y competencia sana
Las canicas eran mucho más que bolitas de vidrio.
Eran un juego de estrategia, puntería y, muchas veces, de apuesta simbólica.
Se jugaban en la tierra, marcando círculos o trazando rutas, y cada tiro requería precisión.
Ganar canicas significaba avanzar en el juego, pero también en el orgullo personal.
Era una forma sencilla de competir sin perder el sentido del compañerismo.
Así se juega
Se dibuja un círculo en el suelo y dentro se colocan varias canicas; el objetivo es sacar las de los demás jugadores con tiros precisos, sin que la tuya se quede dentro o fuera de juego.
Para lograrlo, necesitas buena puntería y estrategia: calcular la fuerza, el ángulo y decidir cuál canica tirar primero.
Muchas veces, las canicas que sacabas te las quedabas, lo que hacía el juego más emocionante y competitivo, pero siempre dentro de un ambiente de diversión entre amigos.

Carreritas -también llamada, “carritos”, “carreterita” o “meta”): La emoción de correr hasta el límite
Las carreritas, también conocidas como “llegar a la meta”, eran tan simples como emocionantes.
No había reglas complicadas, solo correr, esquivar obstáculos y llegar primero.
Este tipo de juegos fomentaban la actividad física y la energía natural de los niños, convirtiendo cualquier espacio en una pista improvisada.
Eran momentos de pura adrenalina, donde lo importante era participar y disfrutar.
Así se juega
Dibujen con gis una pista larga en el suelo o banqueta con vueltas, curvas cerradas y rectas. Es importante dibujar “pozos” (círculos), “topes” (líneas), “cárceles” y una meta final.
Cada jugador elige su carrito y por turnos lo empuja con un dedo tres veces.
Si el carrito se sale de la pista, regresa al punto de control anterior. Si cae en un pozo o trampa, pierde el turno.
Gana el primer niño en cruzar la meta con su carrito.
Este juego fomenta la motricidad fina, la paciencia y la sana competencia.

¿Por qué estos juegos ya no son tan comunes?
El paso del tiempo ha cambiado la forma en que se vive la infancia.
La tecnología, la urbanización y los nuevos estilos de vida han reducido los espacios y el tiempo para este tipo de juegos.
Sin embargo, eso no significa que hayan desaparecido por completo.
Siguen presentes en la memoria, en algunas comunidades y en quienes deciden compartirlos con nuevas generaciones.
Rescatarlos es un acto de nostalgia y también una forma de mantener viva una parte importante de la cultura mexicana.
Los juegos tradicionales mexicanos son mucho más que recuerdos. Son una parte esencial de quienes somos y de cómo crecimos.
En este Día del Niño, tal vez no se trate solo de mirar al pasado, sino de traerlo de vuelta, aunque sea por un momento.
Salir, dibujar un avioncito, jugar con canicas o intentar un balero puede ser suficiente para reconectar con algo que nunca debió perderse.

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