Por: Gustavo Silva González ( g.silva@mexicotravelchannel.com.mx )
Escapa de la ciudad este 2026 con estas 3 rutas de road trip saliendo de Monterrey. De los estromatolitos de Cuatro Ciénegas a los bosques de Arteaga y los abismos de Galeana.
Sabemos que amas Monterrey, pero seamos honestos. A veces el Cerro de la Silla parece estarse acercando demasiado y el tráfico de Gonzalitos te hace querer huir hacia el horizonte.
La buena noticia es que Monterrey es, probablemente, la ciudad con la mejor “puerta de salida” hacia paisajes contrastantes en todo México.
En este abril de 2026, la tendencia del slow travel (viajar sin prisas) ha cobrado fuerza, y no hay mejor manera de practicarlo que cargando la hielera, armando una buena playlist y lanzarse a la carretera.
Explorar el noreste no se trata de ver tierra y piedras; es recorrer el lecho de un océano antiguo que desapareció hace millones de años, dejando atrás dunas de yeso blanco y pozas de agua azul cobalto que desafían la lógica del desierto.
Aquí, en Mexico Travel Channel, preparamos para ti tres rutas diseñadas para que redescubras el orgullo de ser norteño (o de vivir como uno), combinando la adrenalina de la sierra con la paz mística del desierto.

1. La ruta del tiempo: De Monterrey a las Dunas de Cuatro Ciénegas
Esta ruta es un viaje a los orígenes de la vida en la Tierra. Saliendo hacia el noroeste por la carretera a Monclova, el paisaje se transforma en una llanura infinita protegida por montañas calizas.
Cuatro Ciénegas, en Coahuila es un ecosistema tan único que la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) ha mantenido laboratorios aquí durante décadas. ¿La razón? Los estromatolitos.
Esas estructuras rocosas, que parecen piedras comunes, son en realidad colonias de bacterias que oxigenaron nuestro planeta hace 3,500 millones de años. Es el único lugar en el mundo donde se pueden observar en un sistema de agua dulce en medio del desierto.
Al llegar, la parada obligatoria son las Dunas de Yeso. A diferencia de la arena común, este es sulfato de calcio puro que brilla intensamente bajo el sol de Coahuila.
La historia cuenta que estas dunas son los restos del antiguo Mar de Tetis. Pasear por aquí es como caminar sobre la Luna, pero con la ventaja de que puedes terminar el día sumergiéndote en la Poza Azul, un oasis cuya transparencia se debe a la pureza del agua que brota de los mantos acuíferos subterráneos.
Es una ruta educativa, visualmente impactante y perfecta para quienes buscan entender la resiliencia de la naturaleza.

2. La Suiza del Norte: El refugio alpino de la Sierra de Arteaga
Si lo tuyo es el olor a pino, el aire frío y las cabañas de madera, tu brújula debe apuntar hacia el sur de Saltillo.
Apenas a una hora y media de Monterrey, la Sierra de Arteaga ofrece un microclima que parece ignorar las leyes del termómetro del noreste.
Esta región es conocida como “La Suiza de México” y por una buena razón. Sus picos, como el Cerro del Morro, suelen retener nieve hasta bien entrada la primavera en años fríos. Pero más allá de la postal invernal, Arteaga es el corazón manzanero de nuestro país.
La historia de la manzana en Arteaga se remonta a finales del siglo XIX, cuando inmigrantes europeos trajeron las primeras cepas de árboles frutales, encontrando en este valle el clima templado ideal.
Un dato poco conocido es que la Sierra de Arteaga alberga bosques de Abies coahuilensis, una especie de abeto endémico que está bajo protección especial por su rareza.
Conducir por la carretera que une a San Antonio de las Alazanas con Monterreal es una experiencia de inmersión forestal donde cada curva revela un valle más verde que el anterior. Es la ruta ideal para desconectarse del WhatsApp, los correos electrónicos y mejor conectarse con el silencio de la montaña.

3. El corazón de la Sierra Madre: Galeana y sus gigantes ocultos
Ésta es la ruta para los que no le temen a las alturas ni a las leyendas. Tomando la Carretera Nacional hacia el sur, después de cruzar los cañones de Linares, se asciende hacia el altiplano hasta llegar a Galeana, Nuevo León.
Este municipio resguarda el punto más alto del estado: el Cerro del Potosí, que alcanza los 3,713 metros sobre el nivel del mar. Desde su cima, en días despejados, se puede ver la curvatura de la tierra y la inmensidad de la Sierra Madre Oriental.
Sin embargo, el secreto mejor guardado de Galeana es el Pozo del Gavilán. Imagina un cenote gigante, un abismo circular de 60 metros de diámetro y más de 80 metros de profundidad, justo en medio de la montaña.
Estudios geológicos sugieren que este “pozo” está conectado de forma subterránea con la Laguna de Labradores, un cuerpo de agua de un azul profundo que, según los locales, “no tiene fondo”.
Esta ruta te permite conocer el Puente de Dios, un arco natural de piedra formado por la erosión de milenios sobre el río, demostrando que Nuevo León es mucho más que asfalto y rascacielos; es una tierra de gigantes geológicos que esperan ser explorados.

La aventura comienza donde termina el pavimento
No necesitas un boleto de avión para cambiar de realidad. Ya sea que busques la mística biológica de Cuatro Ciénegas, la paz boscosa de Arteaga o la imponencia vertical de Galeana, el noreste mexicano tiene una ruta diseñada para tu curiosidad.
En este 2026, el verdadero lujo no es el destino, sino la capacidad de detenerse a ver el atardecer en una carretera donde el único sonido es el viento golpeando las montañas… ¿Ya te viste?
¿Qué ruta vas a elegir para tu próximo viaje?
Recuerda revisar las llantas de tu vehículo, llenar el tanque y… ¡lánzate a descubrir por qué el desierto y la sierra son los mejores maestros de la paciencia y el asombro!
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