Descubre el ritual de los voladores de Papantla

Una ceremonia ancestral reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad 

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Voladores de Papantla
Flickr

Este Pueblo Mágico no solo desprende aroma a vainilla, su cielo es surcado por los hombres pájaro mejor conocidos como los Voladores de Papantla, quienes celebran un rito prehispánico en honor a la madre tierra.

Cada uno de los Voladores de Papantla representa cuatro elementos naturales o semidioses, que al ser guiados por un caporal (el que toca y danza desde lo más alto), logran crear un vínculo con la deidad mayor: el Sol.

Pero antes de celebrar esta ceremonia que se realiza con la intención de pedir a la madre tierra bendecir con sus frutos al pueblo totonaca, los Voladores de Papantla deben seguir una serie de rituales para conseguir el sakatkiwi o palo que formará parte de esta conexión.

Para comenzar la búsqueda, los Voladores de Papantla deben acudir a este encuentro con un calzón blanco (pantalón), camisa del mismo color y un pañuelo al cuello y otro en la frente para simbolizar pureza.

Es así como en la región del Totonacapan los Voladores de Papantla son los herederos, guardianes y protagonistas principales de la ceremonia del “Corte, arrastre y siembra del palo volador”.

Voladores de Papantla en busca de sakatkiwi

Un ritual que comienza al interior de El Tajín, donde se levanta un altar para colocar una máscara Kiwikgolo, el señor y dueño del monte. Es a este ser espiritual a quien se debe pedir permiso para cortar un árbol de sus dominios.

Una vez que se hallan el tronco que servirá para su vuelo, inicia la ceremonia del corte, que se acompaña por un son interpretado solo por el caporal a través de un tambor y flauta, quien a su vez debe danzar hacia los cuatro puntos cardinales para invocar su presencia.

Es la mano del hombre más viejo que los acompaña, quien debe dar los primeros cortes con el hacha y después pasar a los demás que también tienen que participar hasta su derrumbe. Entonces comienza la tercera parte del ritual, que se acompaña con el “son del camino”.

Esta melodía suena durante todo el recorrido hasta el punto final donde se levantará de nuevo el palo. Pero antes de ser colocado en su nuevo sitio, se emprende la última parte de este rito que se acompaña con una gallina negra, que bloqueará la energías del inframundo para que no se lleve la vida de los Voladores de Papantla.

Llegó el momento de que los Voladores de Papantla se preparen para surcar el cielo. Se trata de una serie de pláticas y meditación encabezadas por los abuelos, quienes son considerados como los totonacas sabios.

Ya que su mente y espíritu se unificaron están listos para subir al sakatkiwi o palo volador: una reverencia al altar para venerar al Sol, así los hombres pájaro  piden por sus vidas, por una buena cosecha, por la paz y un equilibrio con la naturaleza.

Ahora suben vestidos de rojo para simular el Sol con un penacho o sombrero cónico que se decora con siete listones que recuerdan el arcoíris. Arriba, el guía interpreta el “Son de los cuatro puntos cardinales” y luego el “Son de la invocación”.

Suena otro son, el “del vuelo” que indica el momento de convertirse en aves para lanzarse desde el cielo y llevar la semilla de la vida que el señor astro les otorgó para fecundar la tierra. Si todo sale bien, regresan al altar a dar las gracias.

Aquí termina la historia de los hombres pájaro, una tradición ancestral considerada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

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