¡De película! Así es la historia de los cacahuates japoneses en México

Tras la entrada al mercado de otras marcas, los originales cacahuates japoneses perdieron popularidad.

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¡De película! Así es la historia de los cacahuates japoneses en México
Foto: cuauhtemoc_1521/Instagram

Es probable que muchos hayan pensado que los cacahuates japoneses son un invento del imperio del “Sol Naciente” para el mundo; sin embargo, esta botana crujiente, salada y ligeramente dulce, aparentemente nipona es totalmente mexicana.

Allá por el año de 1945 era común ver en las afueras de una vecindad de La Merced, largas filas de personas formadas esperando comprar la nueva botana de moda, unos cacahuates descascarados cubiertos con una capa gruesa y crujiente hecha a base de trigo con soya.

Este rica botana es obra de Yoshihei Nakatani Moriguchi, un hombre de 33 años originario de Japón, quien en meses anteriores perdió su empleo tras la clausura de las empresas de su jefe, el empresario nipón Heijiro Kato.

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Dichas clausuras fueron ordenadas por el gobierno mexicano tras señalar que Kato era un espía japonés -algo sumamente peligroso en tiempos de la Segunda Guerra Mundial-, así que junto a otros japoneses en México , Kato fue enviado a su país.

Antes de eso, le habían cerrado su prestigioso almacén El Nuevo Japón, el cual competía directamente con tiendas como Liverpool y El Palacio de Hierro. Así como su fábrica de botones de concha nácar, en la que trabajaba el creador de los cacahuates japoneses.

Tras quedarse sin trabajo, Moriguchi creó comenzó a fabricar muéganos, posteriormente inventó una fritura a la que llamó oranda, y por último creó lo que hoy en día conocemos como cacahuates japonenses, al freír esta legumbre en una pasta de harina y salsa de soya.

Su éxito fue tal que comenzó a venderlos en su carrito en el famoso barrio de La Merced en la Ciudad de México y tuvo tanta aceptación que años más tarde fundó la marca Nipón, en en 1975.

Entre los pasillos del Mercado de La Merced, Moriguchi era conocido como “El Japonés“, ya que ofrecía su rica botana a los transeúntes que pasaban por la zona, así como a los locatarios del mercado. Su sabor era tan rico y cautivante que de apoco la gente comenzó a buscarlo para adquirir su producto al cual bautizaron como cacahuates japoneses.

Moriguchi y su esposa dejaban a sus hijos a cargo de la venta en la vecindad y ellos salía a comercializar los cacahuates, envueltos en papel celofán, en calles aledañas, donde de inmediato comenzaron a hacerles pedidos los dueños de las dulcerías de La Merced.

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Para 1950, la cuarta hija de Moriguchi dibujó un boceto de una geisha por encargo de su padre, la cual fungió como el primer rostro de la marca Nipón

Nipón se convirtió pronto en la marca número uno en comercializar los cacahuates japoneses, esto provocó que en 1980 marcas como Barcel y Sabritas se metieran de lleno al mercado compitiéndole a Moriguchi, lo que provocó que Nipón perdiera terreno ya que “El Japonés” no contaba con la patente de su producto.

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