Muxes: el tercer género y un rasgo de la identidad zapoteca

Hay dos categorías: las gunaa que se asumen como femeninas y los nguiiu, que se identifican como masculinos.

Muxes
Foto: @SECTUR_GobOax/Twitter

En el incluyente municipio de Tehuantepec, en Oaxaca, una de las principales ciudades de la cultura zapoteca está integrada por mujeres, hombres y muxes, comunidad que así misma se denomina como el tercer género de este pueblo indígena.  

Algunos estudiosos de la muxeidad, explican que este grupo es aceptado y amado por sus familias, a partir de la época prehispánica. Desde entonces se les respeta y celebra como parte integral de una cultura, centrada en la feminidad.

Pero, ¿de dónde proviene la palabra muxe? El significado aún se discute entre historiadores y antropólogos, aunque una teoría sugiere que proviene de la palabra en castellano mujer que se adoptó al zapoteco en el siglo XVI.

De acuerdo con especialistas hay dos categorías principales de muxes: las gunaa y los muxes nguiiu -in-gui-ú-. El primer grupo se asume como femenino y el segundo como masculino. La gran mayoría de las personas comienza a identificarse por sí mismas, o a través de su familia, que forman parte del tercer género en la comunidad zapoteca

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No todo es rosa en la vida de las muxes

Así van adquiriendo su rol social y económico dentro de la población, donde la mayoría asume labores tradicionalmente femeninas desde tiempos ancestrales como ser cocineras, bordadoras, tejedoras, realizadoras de adornos y embellecedoras de mujeres.

Aunque no están obligadas u obligados a seguir alguno de estos oficios, razón para que también se desempeñen profesionalmente y artísticamente. De esta manera se les va reconociendo por sus habilidades, es decir, si es muxe y músico, su sociedad reconoce su talento como intérprete de su instrumento, es lo que realmente es importante

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De acuerdo con  Marina Meneses, socióloga y residente en Tehuantepec, las habitantes del municipio oaxaqueño valen por su trabajo y aporte a la comunidad, no por su nivel económico, mucho menos por su orientación sexual patriarcal. Lo que realmente interesa  es cómo se contribuye a la comunidad, es así como se es aceptado. 

Sin embargo, no todo es color de rosa, pues las y los muxes enfrentan algunas limitantes, pues socialmente no se acepta que obtengan puestos políticos o de representación popular. Además hay escuelas que no les permiten vestirse de mujeres, por lo cual abandonan sus estudios.

Así que aquellas que se visten de mujer les quedan dos opciones: asumir dichos oficios culturalmente asignados, o ser luchadoras sociales, con la intención de mejorar la vida de las muxes.