¿Te atreverías a viajar en el autobús número 40 que conecta Ixtapan con Toluca?

Si abordas este transporte, cuando bajes jamás voltees, porque te puedes convertir en su pasajero para toda la eternidad.

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autobús número 40
Foto: Perfect Lazybones/Shutterstock.com

Entre la conexión que hay del Pueblo Mágico de Ixtapan y la ciudad de Toluca, se suscitó un accidente aparatoso, el cual dio vida a la leyenda del autobús número 40, así que presta mucha atención, porque se dice que aún circula, incluso hace parada a todo aquel que desee viajar a bordo. 

Todo sucedió en la carretera que comunicaba a estos dos destinos del Estado de México, considerada de gran peligro por su estrechura y caminos sinuosos a la orilla de precipicios rocosos, tan solo observar su anatomía, el miedo es inevitable, pero en ese entonces representaba la única vía para viajar. 

A finales de la década de 1980, en la terminal de Ixtapan de la Sal partió el último transporte del día rumbo a Toluca. Se dice que iba completamente lleno, iluminado solo por la luz de la Luna, así que la gran mayoría de los pasajeros que ya conocían el trayecto aprovechaban para descansar y dormir. Así comienza la leyenda del autobús número 40.    

Aquella fatídica noche comenzó a llover, pero eso no fue lo que despertó a las personas, sino la velocidad que alcanzó su transporte en el que viajaban, así que pidieron al conductor bajar la marcha, pero éste, con voz temblorosa advirtió que los frenos no estaban respondiendo. De inmediato el pánico invadió a los presentes.

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¿Qué sucedió con el autobús número 40?

Pasó lo inevitable, el autobús número 40 cayó por un barranco cuyo impacto provocó que se incendiara. En la terminal de Toluca, al percatarse de que aún no llegaba el vehículo, esperaron el momento para mandar por su búsqueda y la sorpresa que se llevaron fue terrorífica: Cuerpos desmembrados fuera del vehículo y otros más calcinados en su interior.

Se dice que a partir de ese momento todas las noches se puede ver un transporte viejo circulando en la misma dirección, si le haces la parada el chofer te deja subir amablemente, pero verás lugares desocupados y gente de pie, pues se cuenta que es el número de personas que abordarán el autobús número 40 durante el viaje.

El silencio se apodera del recorrido, nadie habla, ni los niños berrean, juegan o gritan. Pero antes de llegar a la terminal de la capital del Estado de México, el chofer se dirige hacia aquel que subió al final y le dice: “Es momento de que bajes y cuidado en voltear antes de que se cierre la puerta, si no morirás. 

Aquel que acate la orden, cuando escuche que la puerta cerró y el motor se enciende, al voltear se dará cuenta de que el vehículo ha desaparecido, sin dejar rastro ni huella. Pero si  desobedece solo observará destrucción, esqueletos y cuerpos quemados. Además, llegará la muerte por él al día siguiente y se convertirá en un pasajero por la eternidad del autobús número 40.

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