Caso Cobalto-60; el accidente que generó una crisis radioactiva en México

México también tuvo un incidente como en Chernóbil, se llamó Cobalto-60.

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Cobalto-60 en México
Foto: Instagram/@elhorizontemx

En enero de 1984, ocurrió una transformación en las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y México a consecuencia de un proceso accidental en el que ambas naciones debieron dar cuenta de una pequeña crisis radiactiva por Cobalto-60, también conocida como el Chernobyl mexicano.

Todo comenzó cuando el trabajador Vicente Sotelo Alardín sacó una máquina de radioterapia de un hospital privado en Ciudad Juárez, la cual había sido guardada en un depósito sin haberse utilizado nunca. En 1977, el Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez la compró e importó siete años antes, pero jamás capacitó al personal del hospital para hacer uso de ella.

Aunque toda compra de artefactos radiactivos debe ser informada a la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS), en este caso no hubo reporte alguno, y nadie fue avisado de que la máquina de teleterapia había entrado a territorio nacional mexicano. Desde este punto comenzaron a desatarse una serie de inconsistencias institucionales que ocasionaron un incidente radioactivo.

El Chernobyl mexicano: Inicio de la crisis radioactiva por Cobalto-60

Un día, Sotelo Alardín se llevó la máquina, y existen versiones que difieren, algunas sostienen que el superior le dijo que podía llevarse la máquina, otros comentan que el trabajador se la llevó por cuenta propia, sin embargo, el hecho que sí se constató fue que al final la sacó del centro de salud y la montó en su camioneta.

Al darse cuenta de que la máquina no cabía entera en su vehículo, decidió desarmarla y, sin percatarse, perforó el centro radiactivo del artefacto. Lo que desembocó el esparcimiento de gránulos de cobalto-60. Este radioisótopo es usado para terapias de pacientes que padecen de cáncer sin embargo, en esta ocasión, terminaría en las varillas y mezclas de acero que se usarían para la construcción de decenas de inmuebles en todo México.

Sin darse cuenta Sotelo Alardín llevó la máquina a una chatarrera en Ciudad Juárez llamada El Yonke Fénix. Y Afortunadamente para los trabajadores, el centro radiactivo fue manipulado por un imán industrial que les salvó de manejarlo directamente con sus manos. Pero, el imán terminó por esparcir restos radiactivos en todo el material de chatarra.

El propósito de Alardín era que en Yonke Fénix fundieran diversas piezas de metal para venderlo como acero a diferentes constructoras. Así fue como el material de cobalto-60 terminó en propiedad de la empresa Aceros de Chihuahua S.A., que luego vendió las piezas como material de construcción, en ese momento era obvio que aún no conocían el origen de ese metal.

Descubren radiaciones de Cobalto-60

El 16 de enero de 1984, el portal digital mexicano ‘Xataka’ reportó que se dispararon las alarmas de los dosímetros, instrumentos que miden la dosis de radiación absorbida, del Laboratorio Los Álamos. En ese momento se comenzó a registrar irregulares en las cantidades de radiación por encima de las normales.

Cuando buscaron la fuente de radiación, se dieron cuenta que estaba afuera, en una calle aledaña al laboratorio, en un camión que cargaba tubos de acero e iba de paso en la carretera. Así que las autoridades del estado de Texas decidieron informar al gobierno mexicano, pues podía leerse en la insignia del camión que se trataba de un transportista de Aceros de Chihuahua.

Y fue que gracias a las alertas, se informó al CNSNS y pudieron empezar las investigaciones directamente en aquella ciudad mexicana. Los medidores registraban que estaba repleta de cobalto-60, pero no entendían cómo había llegado al acero que se usó en la empresa de construcción.

Finalmente, tras varias entrevistas con los empleados de Aceros de Chihuahua, pudieron identificar que la fuente estaba en la chatarrera de Ciudad Juárez llamada El Yonke Fénix. De inmediato los agentes del CNSNS se dirigieron a esa ciudad, donde encontraron que toda la chatarrera estaba llena de cobalto-60.

También encontraron otro punto en el que los medidores mostraron picos de radiación. En medio de un barrio residencial, estaba estacionada la camioneta que resultó ser del técnico de mantenimiento del Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez, Vicente Sotelo Alardín.

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Cabe señalar que cuando el trabajador se llevó la máquina del hospital, le pidió ayuda a un compañero llamado Ricardo Hernández, quien manipuló el centro de cobalto-60 con las manos sin ningún tipo de protección, y en ese punto es que paría la otra investigación importante ¿cuántas personas estuvieron expuestas a la radiación? Pero antes de descubrirlo, era necesario alejar la camioneta.

Así que el CNSNS tomó la camioneta de Sotelo, aunque no podían llevarla demasiado lejos, pues eso implicaría exponer por mucho tiempo a los oficiales de la CNSNS a la radiación que emitía, por lo que decidieron llevarla al parque El Chamizal, que estaba a las afueras de la ciudad.

Durante el traslado, la ‘BBC’ reportó que, después de haber movido la camioneta, no se dejaron avisos que alertaran a los ciudadanos de la radiactividad que provenía de ella, y en ocasiones vieron a personas muy cerca del vehículo.

Personas afectadas por la radiación del Cobalto-60

Luego de una laboriosa investigación por parte de la CNSNS, se pudo identificar que  4.000 individuos fueron expuestos al cobalto-60. Sin embargo, los radioisótopos tienen una cualidad degenerativa que implica que, con el pasar de los años, el material radiactivo pierde su intensidad.

Seis años después de la compra de la máquina de radioterapia, el medio inglés ‘BBC’ reportó que se calculó que, de los alrededor de 1.000 gránulos de cobalto-60, tan solo quedaban 450. Y algunas de las construcciones que contenía material radioactivo fueron demolidas.

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Del Vicente Sotelo Alardín se supo que no tuvo reacciones al material, sin embargo, sobre su compañero Ricardo Hernández se investigó que padeció de una quemadura en la mano con la que manipuló el centro de cobalto-60. Hasta ahora no se sabe más de ellos.

Sin embargo, la CNSNS en 1984 contactó a todas las personas que fueron afectadas y les hizo pruebas de sangre, de médula ósea, conteo de espermatozoides y de cromosomas, aunque después de esas primeras pruebas, no se volvió a analizar a los pacientes, por lo que ha sido imposible seguir el rastro de las secuelas por la exposición al cobalto-60.