¿Cuál es la leyenda del ajolote mexicano? Aquí te la contamos

En la Quinta Era, el dios Xólotl tomó la forma de un ajolote mexicano, pero ¿por qué?

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ajolote leyenda
Foto: Pixabay

El ajolote mexicano es una de las especies endémicas del país y que llama la atención por tener la capacidad de regenerarse.

Sin embargo, la especie se encuentra en peligro de extinción, pero en esta ocasión recobraremos su importancia al revivir una leyenda que narra el origen de los ajolotes.

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¿Cuál es la leyenda del ajolote mexicano?

Aunque existen varias versiones sobre el origen de este tierno anfibio. Sin embargo, una de las más conocidas es la huida de Xólotl cuando recién iniciaba la Quinta Era.

Esta versión se relaciona con la leyenda del Quinto Sol, pues según se cuenta, cada Era ha tenido su propio Sol. Aunque las cuatro primeras fueron destruidas por fenómenos naturales como terremotos, diluvios, etcétera.

En la Quinta Era llegó el turno de Xólotl, el hermano mellizo de Quetzalcóatl. Cuando Xólotl quedó frente a la hoguera en la que debía arrojarse para sacrificarse por la humanidad, el miedo se apoderó de su ser y decidió escapar. Luego utilizó sus habilidades como nahual y se infiltró en el mundo de los hombres.

Al estar con los mortales, Xólotl tomó diversas formas animales. Lo primero en lo que se convirtió fue en un guajolote. Pero, pasó el tiempo y los dioses lo encontraron así que trataron de capturarlo.

Desde entonces escapaba y se convertía en un animal diferente, pero al darse cuenta los dioses de sus tantos intentos, el dios prófugo se despidió de la tierra y se arrojó a los lagos de Tenochtitlán. Estando ahí se convirtió en un ajolote.

Uno de los finales de la leyenda indica que después de mucho esfuerzo, Ehécatl encontró a Xólotl en el fondo de los canales y lo obligó a sacrificarse.

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Según la otra versión, se dice que después de encontrarlo, Ehécatl lo castigó dejándolo convertido en un ajolote para siempre.

Sin embargo, la segunda versión dice que Xólotl decidió nunca salir del agua porque se sentía avergonzado ante la humanidad. No perdonó su propia cobardía y el hecho de no atreverse a sacrificar su vida por la humanidad.

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