¿Cómo se libró el xoloitzcuintle de la extinción?

Su búsqueda se emprendió en el siglo XX, encabezada por un inglés que dio con su paradero en las costas del Pacífico.

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xoloitzcuintle
Foto: Kuznetsov Alexey/Shutterstock.com

Durante el siglo VII de nuestra era, varios pueblos buscaron sobrevivencia y prosperidad en el centro del México prehispánico, donde comenzaron el desarrollo de sus culturas, sin embargo, no llegaron solos, se hacían acompañar por perros como el xoloitzcuintle, el itzcuintli y el tlalchichi.

Se sabe sobre la existencia de estas tres razas, gracias a excavaciones arqueológicas, donde se hallaron huesos de estos cuadrúpedos en lo que hoy es Tula y otras regiones centrales, así como en lo que antes fueron viejos tiraderos prehispánicos, donde también se descubrieron restos óseos de estas mismas especies.    

De acuerdo con algunos especialistas, estas comunidades no solo veneraban al xoloitzcuintle, el itzcuintli y el tlalchichi, también eran utilizados en ritos, e incluso como alimento, tradiciones que ante los ojos de los conquistadores no eran bien vistas, de hecho consideradas desagradables entre las autoridades españolas.

Se dice que fueron los evangelizadores, quienes se encargaron de poner fin a cada una de estas prácticas. Para evitarlas, lo primero que hicieron fue acabar con la crianza de estas tres razas de canes. Una de varias acciones que antepusieron como rechazo, a cualquier evento religioso no católico.

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¿Se reconoce al xoloitzcuintle como raza?

Mientras tanto, la corona española ordenó el exterminio masivo de todos aquellos perros callejeros, es así como el xoloitzcuintle, el itzcuintli y el tlalchichi fueron víctimas de envenenamiento. De esta manera se acabó con su comercio y solo algunos quedaron protegidos en casa de indígenas, pero eran menos mientras transcurría el tiempo.  

Ante las nuevas restricciones de las costumbres prehispánicas, los españoles obligaron una nueva migración de culturas durante el siglo XVII, pero ahora hacia la zona costera del Pacífico, aquellas tribus no se fueron solas, con ellos llevaron a los últimos perros que quedaron.

Durante cientos de años se creyeron extintos. Es así como en el siglo XX, un inglés tomó la iniciativa de salir en la exhaustiva búsqueda de estos animales. Fue entonces cuando el embajador británico Norma P. Wright, emprendió su travesía entre rincones inhóspitos de México, para encontrar alguno vivo.

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Su viaje duró varios años por diversos puntos del país, pero su objetivo era claro: localizar a las últimas especies caninas nativas, hasta que finalmente dio con el xoloitzcuintle en las comunidades costeras de Oaxaca y Guerrero. Después de contar con los suficientes ejemplares, intervino la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Para continuar con la reproducción de esta especie, se inauguró una pensión para perros en Coyoacán, gracias a la Facultad de Medicina y Zootecnia de la UNAM. A pesar de todos los esfuerzos, se sabe que ciertas asociaciones canófilas nacionales e internacionales no reconocen al xoloitzcuintle como una raza. Sin embargo, se suman voces en su defensa, como el único perro auténticamente mexicano.

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