¿Qué ocurría en el Callejón de la Danza o Cueva de los Nahuales?

Se dice que hombres y mujeres se reunían por las noches para saltar alrededor de una fogata, mientras invocaban fuerzas oscuras.

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Callejón de la Danza
Foto: Torychemistry/Shutterstock.com

Justo a un lado del Mercado de la Merced se halla un espacio, que en tiempos del Virreinato se conocía como el Callejón de la Danza o Cueva de los Nahuales, que por mucho tiempo mantuvo en completo control terrorífico a los habitantes de aquella época, quienes aseguraban estaba poseído por fuerzas demoníacas.

Se dice que era el epicentro donde cada noche se reunían las brujas y nahuales, para danzar alrededor de una fogata completamente desnudos, mientras gritaban hechizos e invocaban a las fuerzas oscuras, para cometer sus actos de maldad. Estos cantos siniestros mantenían aterrados a los vecinos, quienes se escondía en sus hogares.

Pero ocultarse no servía de nada, pues los participantes del aquelarre entraban hasta sus habitaciones, para robar a las doncellas de clase alta y baja, así como arrebatar a los infantes de los brazos de sus madres. De esta manera sembraron su dominio y horror entre las calles de la actual Ciudad de México.      

Las personas suplicaron protección y justicia, que nunca llegaba para los habitantes indígenas del barrio. Así, el terror en el Callejón de la Danza, provocaba que las noches fueran aún más largas. Nadie deseaba tener contacto con los seres infernales que ahí danzaban en una hoguera, exclamando ritos satánicos.  

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¿Quién hizo frente al Callejón de la Danza?

Finalmente un joven de 20 años, miembro del cuerpo de arcabuceros del virrey, tomó el valor suficiente para enfrentarse a esa energía negra que emanaba del Callejón de la Danza. Su nombre era Simón de Esnaurrízar, que cierta noche se envolvió en su capote, colocándose dos pistolas, con el arcabuz en mano y dos tragos de aguardiente para tomar la fuerza suficiente.  

Así partió hacia la Cueva de los Nahuales, donde vio a hombres y mujeres completamente desnudos, pintarrajeados y con plumas pegadas a la piel, quienes exclamaban gemidos mientras saltaban alrededor del fuego. Como pudo entró en medio de esa multitud y con sus armas comenzó a darse cuenta que no se trataba de seres sobrenaturales

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A gritos llamó a los soldados del virrey, quienes de inmediato acudieron hasta su encuentro, acompañados por los vecinos que también se armaron de valor. Fue así como los presuntos nahuales y brujas terminaron en el calabozo del Santo Oficio

Para entonces, la ley rescató a las féminas e infantes secuestrados por estos criminales, quienes los obligaban a pedir limosna en las calles. Estaba en condiciones críticas, pues además los mantenían sin alimentos. Así finalizó el terror que sembraron en el Callejón de la Danza, pero hay quien dice, que al pasar por las noches solitarias, aún se pueden escuchar eso gemidos y cantos infernales.

Dato:

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