Peñón de los Baños, aguas termales y curativas en la CDMX

Eran disfrutadas por el tlatoani Moctezuma, el emperador Maximiliano y el presidente Porfirio Díaz

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Peñón de los Baños, aguas termales y curativas en la CDMX
@BanosDelPenon/Twitter

¿Quién hubiera imaginado que en la CDMX también hay aguas termales? Pero no es la única característica interesante que tiene este lugar conocido como Peñón de los Baños, pues está colmado de grandes historias que inicia en la época prehispánica y llegan hasta nuestros días, al ofrecer baños curativos y masajes relajantes.

Debido a que en la actualidad permanece cerrado por la pandemia de Covid-19, hay que esperar que reabran sus puertas; mientras tanto te platicamos todas las anécdotas que hay alrededor de este espacio que se halla en la alcaldía Venustiano Carranza, donde hace más de 500 años formaba parte de un islote del lago de Texcoco.  

Se dice que en la época precolombina era conocido como Tepetzinco (“cerrito“), un sitio atractivo para varios tlatoanis como Moctezuma, quienes conocían las propiedades curativas de sus aguas termales. De acuerdo con varios arqueólogos, los mexicas erigieron construcciones en este espacio por ser considerado como sagrado, donde realizaban rituales de limpieza y purificación para cuerpo y alma.

Tras la caída de Tenochtitlan en 1521 y con la inminente urbanización de la ciudad, el islote quedó unido a tierra, con la construcción de la Capilla del Peñón de los Baños, donde aún se conserva un retablo dedicado a la Virgen de Guadalupe, además de una figura conocida como el Cristo del Peñón. 

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El negocio en Peñón de los Baños

Sin contar con las bellezas naturales que rodeaban al manantial, el lugar se convirtió en el favorito de personajes ilustres y de la élite de varias épocas. Se sabe que era frecuentado por los emperadores Maximiliano y Carlota de Habsburgo, así como por la Marquesa de Calderón de la Barca, quienes disfrutaban por horas de este relajante recinto.

Para el siglo XIX, cuentan los historiadores, también fue visitado por el naturalista Alexander Von Humboldt, quien constató las propiedades de sus aguas.

Otra de las grandes figuras que gustaba frecuentar este sitio era el entonces presidente Porfirio Díaz; de hecho, fue cuando vivió una época dorada, gracias a su suegro, Manuel Romero Rubio.

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Este hombre adquirió el lugar y en un predio anexo construyó instalaciones lujosas —hoy demolidas— para invitar a la gente de alcurnia a disfrutar de las propiedades terapéuticas y curativas de las aguas termales que ahí corrían. Se dice que hasta abrió un restaurante, para comodidad de los visitantes, haciendo una gran fortuna. 

Todo cambió para el siglo XX, cuando en la zona se desarrollaron colonias populares. Hoy se conservan espacios modestos donde el público puede disfrutar de su manantial y recibir terapias o masajes relajantes.

Otro dato curioso que no queremos dejar pasar es que, en 1959, en el Peñón de los Baños los arqueólogos hicieron un hallazgo muy importante: restos fósiles de la Mujer del Peñón, que resultaron tener más de 13 mil años de antigüedad.

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