Yohualichan: la zona totonaca con “cavernas” en sus pirámides

Vicente Lombardo Toledano dio a conocer este sitio en Cuetzalan en la década de 1920

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Yohualichan: la zona totonaca con
Foto: @sebastianmp8/Instagram

Yohualichan es una zona arqueológica muy cercana al Pueblo Mágico de Cuetzalan, en Puebla. Su nombre ha sido interpretado como La Casa de Noche, designación de origen nahua que posiblemente esté asociada a la profusión de cavernas en la región.

Dichos cuerpos cavernosos pudieron ser el modelo —estilizado— de los nichos y las estructuras que se encuentran en Yohualichan. Este sitio reside el primer asentamiento totonaco, fundado alrededor del año 200 d.C.

Yohualichan tuvo su apogeo en los años 600 y estuvo habitado hasta el año 800 d.C., cuando los totonacos emigraron al actual Tajín, el segundo centro ceremonial de esta cultura originaria.

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Yohualichan, el origen de los nichos

En Yohualichan se pueden apreciar los inicios de una corriente arquitectónica en los edificios ceremoniales: la inclusión de los tradicionales nichos, característicos de la cultura totonaca.

Esta zona arqueológica es una de las de las ciudades prehispánicas más importantes y bellas de la Sierra del Norte del estado de Puebla, asentada sobre una ladera que decrece de sur a norte.

Aquí se levantaron diversos edificios alrededor de una gran plaza rectangular, de manera que cada uno quedó aislado intencionalmente en el lado norte. Un juego de pelota de alrededor de 94 metros de largo delimitaba con muros verticales y pequeñas banquetas en los extremos que le dan la tradicional forma de doble T.

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También hay un centro ceremonial conformado por un espléndido cuadrángulo compuesto por varias construcciones que dan al conjunto un aspecto majestuoso.

Yohualichan fue dada a conocer en la década de 1920 por el político y filósofo Vicente Lombardo Toledano; él y su cuñado, el arqueólogo Alfonso Caso, visitaron el lugar por invitación de Ángel Flores Huidobro.

Tiempo después, el investigador Enrique Juan Palacios publicó un plano de la zona arqueológica, y en 1930 el arquitecto Ignacio Marquina incluyó en su obra Arquitectura prehispánica los planos levantados por Lombardo y Palacios.

Hasta 1978 el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizó una intervención arqueológica, revelando así la magnitud del sitio. En 1996, tras diversas excavaciones y reconstrucciones, fue explorada casi en su totalidad.

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