Cuexcomate, el volcán más pequeño del mundo

Según la leyenda, nació de los amoríos entre Popocatépetl e Iztaccíhuatl

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Cuexcomate, el volcán más pequeño del mundo
Foto: @baerlinpost/Instagram

En el corazón de Puebla, en la colonia Libertad, se encuentra Cuexcomate, el volcán más pequeño del mundo, cuyo nombre proviene del término náhuatl cuexcomatl, que significa “olla de barro” o “lugar para guardar”.

Este montículo de roca caliza mide 13 metros de altura, con un cráter de aproximadamente ocho metros de diámetro. Aunque se conoce como “volcán”, se dice que en realidad el Cuexcomate es un géiser inactivo.

Tal vez surgió a partir de una erupción del volcán Popocatépetl en el año 1064. La leyenda cuenta que el Popo tenía amoríos con el Iztaccíhuatl y de estos encuentros nació Cuexcomate.

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Gracias a su altura y ubicación céntrica, este pequeño se ha convertido en un atractivo turístico de Puebla donde cientos de viajeros se dan cita para apreciarlo y descender por su cráter.

La travesía al interior del Cuexcomate inicia cuando se desciende por una escalera de caracol y se baja hasta 23 metros de profundidad, hasta un cauce de agua sulfurosa que emana en forma de pequeñas cascadas.

Cuexcomate: ¿géiser o volcán?

Algunos científicos consideran que este no es el volcán más pequeño del mundo; algunos aseguran que se trata del géiser más grande del planeta, debido a que su última actividad registrada data de 1662, cuando únicamente arrojó agua hirviente y gas.

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Una aclaración: los volcanes expulsan lava proveniente del centro de la Tierra por medio de sus cráteres, mientras que los géiseres emanan agua y vapor a presión que se almacena en el subsuelo, la cual se calienta por la temperatura del magma.

En la época novohispana, el Cuexcomate era considerado el lugar donde descansaban todas las personas que se suicidaban en Puebla, pues los cuerpos eran arrojados en su interior por ser considerados “pecadores” y no merecer un funeral.

Con el paso de los años, este pequeño volcán fue quedando en el abandono y se transformó en basurero. Hoy es uno de los atractivos turísticos de la Angelópolis.

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