Son Jarocho: tradición más viva que nunca

Un recorrido histórico por la herencia musical del pueblo de Veracruz y de todos los mexicanos

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Son Jarocho: tradición más viva que nunca
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Desde finales del siglo XVII el Son Jarocho comenzó a gestarse como una tradición musical de la región jarocha. De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el movimiento comenzó cuando los barcos españoles transportaban mercancía desde el viejo mundo, pero durante esas travesías marianas se trajeron algo más: tradiciones e influencias culturales de otras regiones que poco a poco se fueron fusionando. 

Es así como surge el Son Jarocho, pero para que tenga un impacto y trascendencia requiere del fandango, como explica la antropóloga Amparo Sevilla, porque sin éste no se puede reproducir la cultura jarocha, donde la fiesta es el punto de encuentro popular entre las comunidades que comparten comida, cantos, música, charla y la alegría.

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Toda esta algarabía se acompaña del fantástico ritmo del Son Jarocho: música, zapateado y tarima. “Una trilogía” en la que se interpretan sones más que conocidos y versos improvisados. Una celebración donde no puede faltar la tradicional vestimenta blanca que también tiene su historia. 

Traje típico del Son Jarocho

La antropóloga menciona que el traje folklórico es el resultado de la comercialización del Son Jarocho. En épocas pasadas, cuando los hombres y mujeres terminaban la jornada en el campo, se integraban al fandango tal y como llegan del trabajo. Fueron los ballets folclóricos quienes mostraron ropa de lujo que nada tenían que ver con la realidad. 

Estos están inspirados en los outfits de las mujeres de las familias más ricas de Tlacotalpan, que lo usaban para eventos sociales en el siglo XIX, esos que se caracterizan por largos y vaporosos faldones combinados con blusas bordadas. Con el inicio del Ballet Folklórico de  Amalia Hernández, fueron los trajes que retomaron para adecuarlos a sus presentaciones. 

Es así como la tradición de este atuendo se retoma por todas las mujeres veracruzanas, sobre todo las del Pueblo Mágico antes mencionado, que lo portan con orgullo durante la fiesta dedicada a su santa patrona, cada 2 de febrero, cuando se celebra el Día de la Candelaria, un punto de encuentro para dar rienda suelta la interpretación del Son Jarocho.

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Sin embargo, el Son Jarocho tuvo un momento de declive, pero en la década de los 80, con ayuda de promotores de la región que volvieron a realizar fandango durante la conmemoración de los santos patronales. Pero aquí tuvo mucho que ver el talento y esfuerzo de dos dos familias de Veracruz: Vega y Utrera, una en Boca de San Miguel, en Tlacotalpan; y otra en el Jato, municipio de Santiago Tuxtla.

Estas familias que son herederas del Son Jarocho, incluso han recibido reconocimientos como el Premio Nacional de Ciencias y  Artes, en la categoría Artes y Tradiciones Populares. Gracias a ellos se sigue siguen difundiendo por todos los rincones del país con sus grupos Mono Blanco, Son de Madera, Cojolites, Vega, Utrera, Caña Brava y Caña dulce. Sin embargo, existen muchos otros grupos y músicos que mantienen la tradición.

La antropóloga Sevilla comparte que dentro del repertorio del Son Jarocho existe un trabajo realizado por el INAH, que en 1969 grabó el disco “Sones de Veracruz” dentro de la serie de música del instituto.

En la actualidad, el Son Jarocho sigue más vivo que nunca y forma parte de importantes festivales que se desarrollan a lo largo del Veracruz, como el Encuentro de Son Jarocho, Son Huasteco, Fandango, Huapango y Trovada que se celebra cada año.

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